El atentado de Orlando y el heteropatriarcado

Tras el terrible atentado en un club nocturno en Orlando, el domingo 12 de junio, se han sucedido, no sólo los actos de protesta y de solidaridad para con las víctimas, sino también una riada de interpretaciones acerca de cuál es la razón que llevó a Omar Mateen a asesinar a sangre fría a 49 personas. Las hay para todos los gustos, y cada cual arrima su explicación de lo sucedido allí donde están sus intereses. La comunidad gay considera que se ha tratado de un atentado exclusivamente homófobo. Los que rechazan a los musulmanes ponen el énfasis en la religión del asesino. Aquellos que buscan la limitación de la venta de armas de fuego en Estados Unidos achacan el atentado a la facilidad con la que se adquiere en algunos estados un rifle de asalto. Los seguidores de la Asociación Nacional del Rifle, por su parte, creen que, si las víctimas hubieran portado armas de fuego, no se hubiera producido tal masacre.

Tal vez todos, a excepción hecha de los amigos de las armas, tienen su parte de razón, aunque su visión tan sólo es parcial y, en algunos casos, sesgada. Habría que ir a la explicación que dan algunos grupos feministas para encontrar una interpretación que abarca todas las raíces del mal que ha asolado la ciudad de Orlando:  el heteropatriarcado.

Definiré heteropatriarcado como la anulación de lo femenino en la vida social; no hablo de la anulación de las mujeres (que también), sino de aquellas características que, desde hace siglos, se consideran como elementos constitutivos de la naturaleza femenina, y censurados o prohibidos en la masculina. Lo femenino hay que esconderlo, ocultarlo en la vida privada, dejando así solo aflorar hacia el exterior nuestros atributos masculinos.

El heteropatriarcado ha dado forma al pensamiento individual y colectivo de las sociedades cristianas, judías y musulmanas desde hace siglos. Miles de millones de personas aprehendemos la realidad social a través de los ojos del heteropatriarcado. Es por ello que nuestra interpretación más primitiva de todo lo que nos rodea es heteropatriarcal. Probablemente, teniendo en cuenta que se encuentra en el “core” de nuestros mecanismos sociales, no es fácil muchas veces darnos cuenta de que muchos de nuestros pensamientos y conductas vienen regidos por él. Además, teniendo en cuenta de que se trata de un mecanismo muy profundo dentro de nuestra psique, es habitual que se produzca rechazo a juzgar y criticar ciertos aspectos del heteropatriarcado.

Las sociedades con raíces cristianas, judías y musulmanas son heteropatriarcales. En muchas sociedades de raíz cristiana, en las que se ha llevado a cabo una emancipación, aunque incompleta, del individuo, se ha empezado a realizar una crítica al heteropatriarcado desde diferentes puntos de vista: visibilidad del colectivo gay, educación no sexista, empoderamiento de las mujeres… Pero esta crítica sólo queda en la superficie o, por lo menos, no alcanza el nivel “core” en el que el heteropatriarcado está establecido en nuestras mentes. Cuando la UEFA se niega a rendir un homenaje a los asesinados en Orlando por miedo a que se fracase (imaginemos por un momento, los pitidos que se escucharían durante un minuto de silencio en el partido Inglaterra-Rusia), demuestra que todavía queda mucho camino por recorrer.

Gran parte de las sociedades de raíces musulmanas han iniciado también ese camino hacia la crítica del heteropatriarcado, aunque lo hacen sin la experiencia de la modernidad emancipadora que, por ejemplo, vivió Europa durante los siglos XVIII y XIX. Han empezado más tarde, y en peores condiciones, por lo que es de esperar que la crítica reciba más rechazo en el seno de estas sociedades.

No es posible, en estos momentos, derribar el heteropatriarcado, pues forma parte de la urdimbre sobre la que se construye todo nuestro pensar. Además, el lenguaje que utilizamos para hilvanar nuestros pensamientos es heteropatriarcal,  lo que complica más aún alcanzar ese “core”.

No por ello hay que rendirse. Teniendo en cuenta la fortaleza del sistema heteropatriarcal, es de los pocos casos en los que se estaría justificada una actitud beligerante, crítica, incluso extremista. Aunque las actuales batallas contra el heteropatriarcado estén perdidas de antemano, poco a poco, crítica a crítica, se irá minando la credibilidad del sistema. No se trata de destruirlo, sino más bien sustituirlo paulatinamente por otra forma de pensar y ver la sociedad. Se trata de una larga guerra, en la que no habrá víctimas, pues todos saldremos victoriosos de ella. Una guerra transgeneracional, que abarca todos los aspectos de la vida en sociedad, que merece la pena lucharla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s