Sobre el machismo en el lenguaje

“EL DONANATGE” DE ADA COLAU

Los idiomas, si es que están vivos, cambian a medida que también lo hace la sociedad que lo habla. Estos cambios a veces son el fruto de muchos años de luchas sociales, que lo son también batallas lingüisticas (ya no trabajamos como un negro, sino trabajamos como un cabrón; somos flojos, pero nunca más mariquitas o nenazas).

Todos los idiomas son machistas porque son el reflejo histórico de unas sociedades en las que la mujer se vió excluida de los ámbitos públicos (social, laboral, político…). El español, el catalán, gallego o euskera no son una excepción.

En la guerra lingüistica de los géneros, el  femenino tiene las de perder, porque lucha contra una fuerza inercial potentísima, que se ha fraguado a lo largo, no de los siglos de existencia de ese idioma, sino desde el mismísimo Neolítico.

Pero es una guerra incruenta, donde no hay víctimas, y donde todos ganamos, pues se enriquece nuestro idioma y crea moldes para formas de pensar más justas e igualitarias.

Así que, barra libre a ataques masivos, campañas incediarias, kamikazes… Todo vale. Casi siempre ganará (lingüisticamente) el género masculino, porque él es también el juez y árbitro (sacrosantas RAE, Euskaltzaindia…). Gran parte de los intentos de femenización (o inclusivización, si es que existe ese palabro) quedarán en el olvido. Pero habrán mellado la conciencia de la sociedad y, pequeña mella tras pequeña mella, se van cambiando las formas de hablar y de pensar.

El lenguaje tipo “ciudadanos y ciudadanas vascos y vascas” es una cacofonía que no puede registrarse de manera natural en el habla coloquial, pero permite, en el ambito de los discursos públicos, crear un ambiente de inclusión o, por lo menos de discusión y debate.

Si se analiza de manera superficial el “donanatge” o “mujeraje” de Ada Colau, no quedará más opción de considerarlo una soberana payasada. Incluso un insulto a la inteligencia… ¿cómo se atreve esa política a cambiar una palabra de solera medieval?.

Pero ese “donanatge” no tiene vocación de cambio lexicográfico, ni siquiera busca perdurar más allá del anuncio donde se ha publicado. Sí, es un ataque suicida que nunca llegará a “matar” a “homenaje”. Nace con ánimo de llamar la atención y generar controversia, si es que nos permitirnos reflexionar más allá de nuestras afinidades políticas.

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