Tradición y Poder (IV):Postmodernidad líquida

El desdibujado moderno del binomio Poder-Tradición hiere de muerte a esta última, que pierde sus atributos de estabilidad e independencia. Pero no será hasta la postmodernidad, cuando esté realmente en peligro de desaparición.

La postmodernidad, tan escéptica, inestable e ilimitada, no concibe un corpus legislativo externo al individuo  que pueda someter cualquier tipo de control coercitivo. Menos aún, que ese cuerpo sea inmutable, indiscutible, como lo ha sido hasta entonces la Tradición. El Yo es la medida de todo, y la Tradición, que pertenece al pueblo, no puede adaptarse a los caprichos y deseos de cada individuo.

Tradición no solo es control, sino también referencia y guía. junto al rechazo de la Tradición como elemento alienante, se rechaza también su función de “molde” sobre el cual se construye el yo-social del individuo. Sin un molde, el yo-social se transforma en un “yo-algo” informe, voluble, fácil presa de modas, caprichos o, lo que es peor, neotradiciones, fanatismos, que esconden tras de sí la ambición del control absoluto del individuo.

La postmodernidad niega la Tradición, pero la persona-en-sociedad precisa de una referencia estable que le permita vivir, no sólo para-consigo, sino también para-con-los-demás.  Salvo cuando queda atrapada por un radicalismo, la persona postmoderna no puede dar marcha atrás para recuperar  esa tradición premoderna, estable, perfecta e independiente. Y no puede porque, sencillamente,  la modernidad le ha enseñado que esa estabilidad, perfección e independencia no son tales, sino que se tratan de meras ilusiones.

Un comentario en “Tradición y Poder (IV):Postmodernidad líquida

  1. […] Pensar en la incertidumbre aleja, en parte, esa necesidad, ese anhelo de encontrar la verdad sólida, la verdad no contradictoria que durante la época premoderna se creía encontrar en los textos sagrados dictados por los dioses, y durante la modernidad se aspiró a alcanzar con las armas de la lógica, el empirismo y el método científico. La verdad en la incertidumbre tiene algo de cuántico, que aquí ya hemos denominado quiral: la verdad en la incertidumbre no es imagen superponible de la Verdad, tal como proponía la verdad sólida, sino que se trata de una verdad-no verdad, entre la Verdad y lo Falso. Su espacio de existencia se situaría en un área de consenso, dentro de la cual se aceptaría como verdadero un enunciado que no es completamente verdadero; esto es, falso según el principio de no contradicción. Esta área de consenso va a variar según la naturaleza del enunciado: será estrecha, cercana a la verdad sólida, cuando se traten de elementos lógico-matemáticos o científicos experimentales. Pero cuanto más abstracto y menos defendible desde la teoría lógica y matemática, o menos comprobable empírica y experimentalmente, más amplia será el área de consenso, pudiendo incluso acercarse a la verdad líquida postmoderna. […]

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