Historicismo y Nacionalismo, enemigos de la Historia

Ahora, cuando prevalece el espíritu del nacionalismo occidental, se enseña desde la infancia al pueblo entero a fomentar odios y ambiciones por todos los medios: fabricando mentiras y verdades a medias sobre los hechos históricos, presentando desfavorablemente a otras razas y cultivando sentimientos de animadversión hacia ellas, conmemorando sucesos que a menudo son falsos y deberían ser olvidados rápidamente por el bien de la humanidad, tramando constantemente malévolas amenazas contra sus vecinos y contra otras naciones.

Rabindranath Tagore

La nación, entendida desde un punto de vista nacionalista, necesita, al igual que la religión, sus mitos fundacionales. El Génesis de la Biblia no es tan diferente que la tergiversación histórica que se realiza en torno a hechos históricos que los ideólogos  de la nación se encargan en depurar con fines propagandísticos (Ver: Granada vuelve a celebrar la toma de los Reyes Católicos).

El historicismo es un complejo y amplísimo movimiento intelectual que nació a la vez que las Luces, allá en los años de la Ilustración. Historicismo y Luces son corrientes de pensamiento absolutamente modernas, y absolutamente antagónicas: mientras las Luces buscan qué hay de universal en las diferentes culturas y formas de vida del ser humano, el Historicismo reconoce y ensalza la diferencia. Las Luces consideran que todo elemento cultural, social y político fluye a través de las fronteras geográficas; que toda nación es bastarda, mestiza, impura. Para los historicistas, por el contrario, las culturas nacionales son estancas, poseen elementos propios, inimitables y claramente específicos, sin los cuales una nación no sería, realmente, la nación que es. Toda nación es pura; de lo contrario se transformaría, automáticamente, en una colonia subyugada por otra nación más poderosa.

La Historia según los historicistas es la búsqueda de esa diferencia social, cultural, política, que, no sólo ejemplifica y testimonia el hecho y el ser nacional, sino que la convierten en su elemento protogenerador. Por ejemplo, una batalla (ganada o perdida) puede ser el punto inicial de una nación; el año cero de la patria, su Génesis… como si antes de ese acontecimiento militar no hubieran existidos hombres y mujeres en ese pedazo del mapa político del mundo.

La manipulación histórica por parte de los historicistas es clara y meridiana. Según ellos, existe un punto de partida a partir del cual se lee y estudia la historia. Antes de él, sólo aparecen vestigios pre-históricos, cuya lectura debe realizarse con tiento. Con ese año inicial de referencia patriótico (1492, 1640, 1776…) se elimina y censura todo acontecimiento histórico anterior, como si no tuviera relevancia o, mejor aún, por si acaso alguna gesta pre-histórica contradijera el espíritu patriótico que se supone a esa nación.

Ese año cero de la génesis nacional, del mismo modo que los héroes, los aspectos lingüísticos, culturales, raciales o religiosos, es un mito nacional. Los mitos nacionales son  no racionales, y configuran un elemento tan no racional como es la patria. Elementos no racionales que no pueden ser explicados satisfactoriamente desde un planteamiento científico. Los mitos no suelen ser perfectamente penetrables, comprensibles y justificables, pero la nación exige que sean respetados y aceptados como verdades indelebles. El mito se convierte en dogma de fe. La nación historicista toma planteamientos cuasireligiosos, a veces incluso más ortodoxos que los de la propia religión.

Quien trate de penetrar el alma del mito, debe hacerlo con respeto canónico, evitando en todo momento desacreditarlo y, en el caso que sea posible, añadiendo certidumbres que apoyen su veracidad. Cuando un infiel osa cruzar las puertas que encierran al mito, y lo pone en duda, toda una maquinaria intelectual de corte nacional-historicista se pondrá en funcionamiento para desacreditarlo y condenarlo (Ver: Vasconización tardía y algunas reacciones a esta teoría).

La Historia es una compleja ciencia humana que debería servir para ayudar a comprender quiénes somos y cómo hemos llegado a donde hemos llegado. La Historia, como la Estadística, es fácilmente manipulable. Ambos deben ser instrumentos para predecir errores futuros, y tratar de evitarlos. Jamás deberían utilizarse para justificar hechos presentes. Los dogmas históricos y el principio de autoridad fueron retirados hace siglos del método científico en ciencias naturales. Ya es hora de acabar con ellos en ciertos reductos de las ciencias humanas y, por supuesto,  de los discursos de nuestros políticos.

8 comentarios en “Historicismo y Nacionalismo, enemigos de la Historia

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