Paradigma y discurso científico

Paradigma es una completa constelación de creencias, valores y técnicas, etc. compartidas por los miembros de una determinada comunidad.

…’ciencia normal’ significa investigación basada firmemente en una o más realizaciones científicas pasadas, realizaciones que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior. […] Voy a llamar, de ahora en adelante, a las realizaciones que comparten esas dos características, ‘paradigmas’, término que se relaciona estrechamente con ‘ciencia normal’.

Thomas S. Kuhn en “La estructura de las revoluciones científicas”

Las ciencias, sean de la rama que sean, necesitan, para poder avanzar, una base de conocimientos e ideas que no precisen ser examinados y evaluados constantemente. A este conjunto de información se le atribuye cierta condición de verdad incondicional y estable, y sobre él se construyen los diferentes trabajos destinados a esclarecer otras verdades, éstas más condicionales e inestables. Son los paradigmas. Para que un paradigma sea tal, debe ser aceptado por todos, o casi todos los investigadores de una disciplina científica. Por ejemplo, un zoólogo llevará a cabo sus investigaciones sin tener que estar demostrando en todo momento la veracidad de la teoría de las especies de Darwin.

Si bien a los paradigmas se les considera incondicionales y estables, en la práctica científica no se comportan como tales a largo plazo. Siempre podrán darse situaciones en las que nuevos datos obtenidos durante las investigaciones pongan en duda algunos planteamientos que, hasta entonces, se consideraban verdades obvias e indiscutibles. Dependiendo del grado de profundidad a la que estén anclados estos paradigmas, su refutación puede resultar una auténtica revolución. Así sucedió cuando, durante la Edad Moderna, se pasó del modelo geocéntrico al heliocéntrico. O cuando Einstein subvirtió la mecánica clásica newtoniana. Se tratan de tremendas sacudidas en el ámbito científico, que exigen muchas veces reescribir y reinterpretar grandes extensiones del corpus doctrinal de dicha disciplina. Otras veces, sin embargo, paradigmas más superficiales, tal vez incluso más discutibles y discutidos, son modificados sin grandes polémicas, pero casi siempre con importantes repercusiones en los modos de investigación.

Los paradigmas son unidimensionales. Orientan la investigación en el sentido indicado por la información contenida en ellos, pero la dejan libre en aquellos aspectos que no son recogidos en el paradigma. El investigador que trabaje sobre la úlcera duodenal, no deberá demostrar el paradigma de que la ulceración está causada por una bacteria denominada Helicobacter Pylori. Si decide realizar una investigación en base a que la úlcera duodenal es producida por un exceso de vinagre en la dieta, probablemente fracasará, y su trabajo no será aceptado por la comunidad científica. Sin embargo, en base a la etiología infecciosa de la úlcera duodenal, el investigador tendrá libertad a estudiar diferentes antibióticos, medidas higiénicas, analgésicos… e incluso los potenciales efectos beneficiosos o perjudiciales del vinagre.

Podríamos diferenciar diferentes niveles de paradigma:

  • Absoluto: paradigmas incuestionables y aceptados de manera universal a lo largo del tiempo y de las tradiciones científicas. Tal vez sólo existan en lógica y matemáticas.
  • Fuerte: paradigmas incuestionables y aceptados de manera universal, pero con modificaciones a lo largo del tiempo y de tradiciones científicas. Por ejemplo: la teoría de la evolución de las especies, y la teoría de la relatividad.
  • Medio: paradigmas difícilmente cuestionables o demostrables, y aceptados por un amplio sector de la comunidad científica. Por ejemplo, la teoría del Big Bang.
  • Débil: aquellos paradigmas que pueden ser fácilmente rebatibles, y frente a los cuales existe una oposición, incluso un paradigma alternativo. Por ejemplo, el liberalismo económico de Adam Smith.

Cuanto más fuerte, profundo y aceptado sea un paradigma, y cuantas más ideas y conocimientos contenga éste, la dispersión de los resultados de los trabajos científicos será menor. Una vez que es validado un teorema matemático, se convierte automáticamente en paradigma, de modo que las matemáticas podría considerarse una ciencia de base cien por cien paradigmática. Todas las investigaciones en esta disciplina están fuertemente atadas a poderosos paradigmas. A toda cuestión matemática le cabe sólo una respuesta. La dispersión de los resultados de los trabajos científicos matemáticos será casi nula. Por otra parte, en ciencias humanas, apenas si existen paradigmas que no sean puestos en tela de juicio por algunos estudiosos. La fluctuación es grande, y cada escuela basa sus estudios en paradigmas que pueden incluso contradecir a los de otra escuela. En estos casos, a diferencia de los matemáticos, la dispersión de los resultados es grande, de modo que cada cual tiene su teoría, su corpus doctrinal… su ideología. Al contrario que sucede en matemáticas, existen diferentes respuestas a una misma pregunta.

A mayor dispersión de los resultados de los trabajos científicos, mayor incertidumbre. Cuando, para una misma pregunta, existen tres o cuatro respuestas que han sido validadas por prestigiosos científicos, entra la duda de si alguna de esas respuestas es correcta o si, tal vez, todas ellas están equivocadas. Y en la ciencia, como en la vida, no se puede funcionar en ambientes contradictorios. Es preciso, pues, acotar el área de incertidumbre generada por la dispersión de resultados. Proceso que, como se verá, queda en parte fuera del método científico, y del análisis meticuloso de los  datos.

El discurso científico sería el conjunto de saberes, de opiniones, de datos, que conforman el cuerpo válido de conocimiento de una disciplina científica, y el cual está aceptado por una parte importante de sus miembros. El discurso científico ofrece, como el paradigma, una base sobre la cual tomar decisiones a la hora de investigar, o de hacer uso de los resultados de esas investigaciones. Reduce la incertidumbre anulando aquellos resultados que no convienen a la línea argumental del discurso: bien los ignora (aunque la calidad del trabajo científico en cuestión sea incuestionable), bien los prohíbe de facto mediante el uso del tabú. De este modo, el discurso científico, al igual que el paradigma, centra, localiza, homogeneiza y resitúa a la disciplina científica.

La relación entre paradigma y discurso es clara y latente. Muchos paradigmas fueron, en su origen, resultado de un discurso. Durante un tiempo, ese discurso toma un aspecto de pre-paradigma, al cual los científicos toman como base de sus trabajos científicos. Estos trabajos centrados en un pre-paradigma tienen como función ratificar y validar la información contenida en ese pre-paradigma. Se trata de un proceso similar a una “profecía autocumplida”, aunque con uso de un método científico riguroso. Una vez aceptado por gran parte de los científicos, ese discurso, ese pre-paradigma se transforma en paradigma. Un paradigma así construido nunca podrá ser absoluto o fuerte, sino más bien débil, polémico, contestado. Pero igualmente útil para el desarrollo de las ciencias.

¿Quién decide qué datos científicos recoger en el discurso científico, y qué datos obviar? Como en los discursos de las sociedades humanas, no se puede hablar de una “mano ejecutora”; esto es, un poder económico o político que lleve las riendas de los trabajos científicos, y que elija cuál es el camino a seguir. Tal vez sí influyan, o deseen influir, pero no justifican un proceso tan amplio y complejo como es el discurso. El poder que guía a los discursos no es vertical, sino horizontal. Son el conjunto de científicos, junto con la sociedad, los poderes políticos, la industria tecnológica… todos ellos, quienes generan el discurso científico. Quienes eligen qué resultados tomar como referencia, y cuáles, eliminar.

El discurso científico es necesario en tanto a que elimina el ruido y la incertidumbre que impedirían el progreso en las ciencias. Sin embargo, es necesario someterlo rutinariamente a análisis y crítica. Porque, al concretizarse, fortalecerse y expandirse el discurso, también se están perdiendo decenas, cientos, millones de preciosos datos científicos que, si bien pueden contradecir al discurso, contienen una información de calidad incuestionable que podría muy bien dirigir las investigaciones hacia otros derroteros, tal vez más útiles y provechosos que los del discurso “oficial”.

6 comentarios en “Paradigma y discurso científico

  1. […] En un anterior artículo se trató de explicar una posible relación entre el paradigma, tal y como lo definió Thomas S. Kuhn. Además se relacionó con un discurso científico, preparadigmático (o episteme, según un punto de vista más “Foucault”). Paradigma es un conjunto de saberes y conocimientos sobre los cuales se estructura todo el trabajo de una disciplina científica. Los científicos necesitan esa base, esas herramientas gnoseológicas, para poder avanzar en sus investigaciones. De esta manera, no tienen que empezar su arquitectura metodológica desde cero, esto es, demostrando todos y cada uno de los enunciados que se precisan para su construcción. El biólogo no tiene que demostrar la veracidad de la teoría genética o de la evolución, ni el físico, en sus experimentos, da cuenta de la existencia del átomo y sus partículas. […]

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  2. […] Thomas S. Kuhn nos explica que, cuando un paradigma es incapaz de dar una explicación a cierto hecho (él sólo habla de hechos naturales, pero aquí se aplicará también a política), éste entra en crisis. Puede que la crisis se resuelva a través de investigaciones más profundas alrededor del paradigma. De este modo, el hecho inexplicable se incluirá dentro del paradigma de modo convincente y eficaz. Pero ningún paradigma explica todo hecho. Sus herramientas no siempre facilitan una demostración plausible. Hay hechos que quedan en penumbra, otros incluso en el lado oscuro del paradigma. Entonces, hay que tomar dos tipos de estrategias: o salvar el paradigma y con él, toda la investigación, todos los resultados, todo el constructo gnoseológico que se ha edificado a través de los datos paradigmáticos; o cambiarlo a través de una revolución científica. De lo segundo, se trató en un artículo anterior. […]

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