Sobre la polémica del autobús de “Hazte oir”

Pues no dan ni una
Autobús con la campaña de HazteOir. Fuente: Verne

En una anterior entrada del blog se explicaba la capacidad que tiene el Discurso para controlar de manera prelegal ciertas expresiones de nuestra conciencia. Pero el Discurso, sobre todo en las sociedades democráticas liberales, ofrece un amplio espacio donde la conciencia de cada cuál puede expresarse en libertad. Y es en ese espacio donde se deben conjugar las leyes que afectan a la libertad de expresión. Lo que no es tabú, puede ser legal, o ilegal. También, que es frecuente cuando aparecen polémicas en los medios de comunicación, las expresiones pueden situarse en una delgada línea entre lo permitido y lo prohibido por el Discurso, o entre lo lícito y lo reprimido por las leyes.

Desde un punto de vista legal, probablemente, no hay ninguna objeción a que este autobús pueda circular libremente por cualquier calle de España. El slogan que lleva serigrafiado, desde un análisis objetivo, probablemente no contraviene ninguna ley. El autor o autores de la campaña podrían, ante el juez, alegar que ese “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva” aparece en cualquier libro de anatomía o biología… ¿cómo prohibir la difusión de un mensaje que está apoyado en bases científicas? ¿se podría prohibir circular a un autobús con el cartel de “La tierra es redonda. Que no te engañen”?

Si se analiza desde un plano subjetivo, el mensaje de este autobús es más reprochable. Y es que intenta negar una realidad que, como su “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva”, tiene una base científica, y está completamente aceptada por la comunidad médica y psicológica mundial: la realidad de que, algunos niños y niñas presentan vínculo con una sexualidad diferente a la de sus órganos anatómicos. Un hecho que no es nuevo, o una moda impuesta desde colectivos LGTB, sino una problemática que, si bien ha permanecido tabú y prohibida por el discurso heterosexual y machista, hoy en día empieza a comprenderse, y a aceptarse.

Guerra ideológica. El heteropatriarcado, que ha monopolizado el Discurso durante siglos, trata de defender sus posturas, sus prohibiciones, frente a una mentalidad más moderna que trata de desmantelarlos. Tabús milenarios que no soportan la presión de los cambios socioculturales del siglo XXI (algo que no es novedoso, ni de reciente aparición: los tabús no son estables y atemporales, sino que se transforman con el tiempo). Voluntades de verdad incompatibles, pues el territorio de la verdad que una asume está velado en la otra. Discurso y paradiscurso, conflicto de ideas.

En temas como el de la transexualidad infantil que, durante tanto tiempo, ha permanecido enterrado en los pozos de la represión, es lógico que la sociedad tenga dudas, esté desorientada, no sepa qué camino es el correcto. Que un ciudadano de a pie crea que la transexualidad infantil no existe y, si existe, es un grave trastorno mental o una moda impuesta por los medios de comunicación, no es ignorancia, ni siquiera desinformación. Es, simplemente, que no ha tenido tiempo (ni ganas, ni fuerzas…) de reflexionar sobre un tema que, a veces, parece que queda muy lejos y es extraño a la vida de todos los días. Por mucho que se retire a cocheras ese autobús, seguirá existiendo un grupo, más o menos numeroso, de ciudadanos, que esté convencido que “los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva”. El hecho que se censure ese mensaje hará que, muchos de los que nunca habían reflexionado sobre ese tema, se refuercen en su ideario. Incluso los que hayan reflexionado y crean firmemente en ese slogan, podrán elevar su voz como víctimas de un supuesto “fascismo homosexualista”. Y es que la fuerza de la ley puede acallar ciertas expresiones, pero su censura no puede llegar a niveles tan profundos (prelegales, preconscientes) como lo hace el Discurso.

En nuestra sociedad hay cientos, miles de racistas, machistas, homófobos, xenófobos… que callan porque sus opiniones son tabús en el discurso oficial. Y muchos más ciudadanos que, sin serlo, se sitúan más cerca del paradiscurso que del Discurso. Ni unos ni otros encontrarán el modo de expresar libremente sus sentimientos y opiniones respecto a esos temas. Víctimas propicias de los populistas, que utilizan un lenguaje cercano a ellos, y que prometen revertir el sistema que les reprime. No nos sorprendan, pues, las victorias del “anti-stablishment”, encarnado en Trump, Le Pen o el Brexit. Cuando vence el paradiscurso racista, homófobo… de alguno de estos populistas, aquellos que se han sentido ultrajados y menospreciados por “lo políticamente correcto”, salen a las calles, inyectados de odio, a imponer su paradiscurso.

Por eso creo que, mientras ciertos comentarios se mantengan dentro de una legalidad y un mínimo respeto, éstos no deberían ser censurados o prohibidos, mas encauzados hacia un debate público, abierto y democrático. Dar la palabra al racista, al machista, o al homófobo, no es darle la razón. Es ofrecer la oportunidad de él que nos convenza. Y nosotros a él.

 

2 comentarios en “Sobre la polémica del autobús de “Hazte oir”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s