Poder, Discurso y experiencia propia

¿Cómo es posible que sin haber estado en esos dos países que están a miles de kilómetros conozcáis a sus gobiernos y encima les odiéis? (…) ¿Quién ha pensado por vosotros?”

Cuestiones extraídas de una conferencia de Alberto Garzón

En esta alocución del líder de Izquierda Unida se enuncian dos cuestiones interesantes a las que merece la pena atender. Por una parte, pregunta sobre el modo que los ciudadanos generamos las opiniones acerca de temas de los que no tenemos experiencia cercana; por otra, si el hecho de opinar de una u otra manera es signo de que alguien o algo está usurpando nuestra capacidad cognoscitiva.

A la primera pregunta la responde formidablemente Edward Said en su ensayo “Orientalismo”, donde explica que lo que pensamos de algo o alguien de quien no tenemos experiencia directa dice más de nosotros mismos que de ellos. Inevitablemente, toda sociedad trata de “domar” el conocimiento de aquello que le es externo y extraño. La visión que tiene una sociedad de sí misma suele ser poliédrica, heterogénea y diversa; pero cuando dirige su mirada hacia sociedades extrañas (hacia el “otro”), éstas suelen percibirse como monolíticas, homogéneas y planas. A medida de que una sociedad está más alejada de la nuestra, la aprehendemos con un mayor número de prejuicios y estereotipos. Así, se da el caso de que alguien crea que hay más disparidad de criterio, opiniones y formas de vida en su vecindario que, por ejemplo, en el complejísimo y heterogéneo entramado de sociedades musulmanas. Veinte personas cercanas son más diferentes entre sí que miles de millones de seres humanos que viven alejados geográfica y emocionalmente.

El conocimiento que recibimos de sociedades extranjeras ha sido previamente analizado, homogeneizado y clasificado por el Poder. Como muchas veces hemos comentado en este blog, cuando nos referimos al Poder con mayúscula, se trata de un poder horizontal, no vertical, en el cual todos y cada uno de los elementos de la sociedad participamos, pero no de una manera democrática, sino más bien para y predemocráticamente. Todos y cada uno, incluidos Alberto Garzón y quienes les escribe, contribuye a la estructura del Poder y, a la vez, es sometido por ella. Eso no significa que los poderes fácticos, las grandes empresas y los medios de comunicación tengan una gran influencia en el Poder (que la tienen). Sin embargo, su capacidad de manipulación sobre ese poder horizontal es mucho menor que el que ejercen sobre el poder etático, gubernamental, democrático…  a través de lobbies y presiones económicas.

Por lo tanto a la pregunta de ¿Cómo es posible que sin haber estado en esos dos países que están a miles de kilómetros conozcáis a sus gobiernos y encima les odiéis? creo que habría que responder así: toda sociedad compleja, como la nuestra, necesita sentir que controla lo externo, a los “otros”, pues se perciben como entidades que amenazan la existencia de la propia sociedad. El hecho de crear enemigos con nombre propio y pretender que éstos encarnen todo el mal exterior, es un mecanismo de psicología colectiva que existe desde que los ciudadanos tomamos conciencia de la pertenencia a una de esas sociedades complejas. El racismo y la xenofobia no son más que hipertrofias patológicas de ese sentimiento.

Por otra parte suena un tanto capciosa esa segunda pregunta de “¿quién piensa por vosotros?”. Yo la habría formulado de otro modo, en primera persona plural, incluyendo al autor de la cuestión. Pensar, pensamos todos por nosotros mismos, en base a un conocimiento previo, obtenido bien por experiencia, bien por la comunicación con terceros. La experiencia propia, bien que sea necesaria para deshacer ciertos prejuicios, no es capaz de abarcar todo el conocimiento acerca de un tema complejo (como lo son, por ejemplo, Cuba, Venezuela y Portugal). El saber procedente de haber permanecido durante días, semanas, incluso años, en el seno de una sociedad (incluso la de nacimiento), nos dará una visión parcial y ajustada a las vivencias personales de cada uno. No es la misma experiencia de España la de un niño nacido en el barrio de las tres mil viviendas, que la de otro nacido en una mansión de Pozuelo de Alarcón; tampoco se puede dar un valor de mayor realidad a una frente a otra, pues ambas son pedazos, fragmentos de experiencia propia, tan valiosos como los de cualquier otro ciudadano.

Por lo tanto, a esa segunda pregunta la respuesta podría ser la siguiente: Pensamos nosotros basándonos en nuestra experiencia y la de los demás. Todos somos manipulables; todos estamos manipulados. El peligro no radica en estar manipulado, sino en creerse libre de toda manipulación.

Da la sensación que la alocución de Alberto Garzón no va por los derroteros de querer explicar el significado de los términos Poder, discurso y experiencia propia a la ciudadanía. Muy al contrario, su intención es la de sustituir una supuesta “realidad manipulada” por otra “realidad objetiva”; asume que sus fuentes de información son más libres y más limpias que las que denostan a los regímenes cubano y venezolano; y finalmente, considera que la “experiencia propia” en estos dos casos podría desmontar las supuestas mentiras vertidas sobre estos dos gobiernos. Como si la experiencia propia fuera siempre la misma, independientemente de las circunstancias del sujeto experimentador, o que ésta estuviera libre de injerencias de terceros. O mejor, como si la única experiencia propia válida fuera la que confirma las cavilaciones de este político.

Se podría pensar que en este artículo se plantea un escenario pesimista y absolutamente conformista: pienses lo que pienses, vas a estar manipulado, así que deja que el Poder guíe tus pensamientos. Muy al contrario, que cada uno piense, reflexione y opine sobre los diferentes asuntos, propios y ajenos, con absoluta libertad. Pero que no considere sus ideas como verdades absolutas e inflexibles. Que deje siempre hueco para esos datos, esas noticias que, tal vez, no se adecuen a su propia opinión y así, se otorgue el maravilloso derecho al error y al cambio de opinión.

2 comentarios en “Poder, Discurso y experiencia propia

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