Hacia una verdad quiral (VIII): El plano Z como interpretación íntima de los planos X e Y

Lo general no tiene por qué ser válido en lo particular. Más aún, lo general puede poner en peligro la supervivencia de un elemento particular. Una máquina de aprehensión está sometida a la generalidad universal (plano X) y a la social (plano Y), pero debe hacer uso de excepciones propias que permitan adaptar esos planos a su situación interna, íntima y personal.

El plano Z se comporta como “tampón” de la realidad externa (universal X y social Y). Con él la máquina adapta, moldea las ideas aprehendidas para que éstas le permitan sobrevivir en el mundo. El plano Z es de los tres planos, el más inestable, pues las relaciones que establecen los diferentes imaVs contenidos en el plano no son ultraestables-universales como sucede en el plano X; o, como en el caso del plano Y, se establecen según el sumatorio de miles de millones de planos Z, de otros tantos miles de máquinas de aprehensión que se socializan a lo largo y ancho de la historia. El plano Z es propio, privado, intransferible y, por lo tanto, caprichoso. Las cuerdas de relación entre las imaVs serán menos gruesas, estarán menos tensas que en los otros dos planos. Esto supondrá que el coeficiente de independencia (a) de las cuerdas sea más bajo que en otros planos y, por lo tanto, el plano Z se vea sometido a la influencia de las potentes cuerdas de los planos XY. Aun así, por muy débil que sea el momento de taut generado en el plano Z, éste contribuirá a la generación de la idea y le aportará validez interna.

Tomemos un concepto abstracto, como lo es el término “amor”. No existe una definición certera que sea capaz de explicar el significado del “amor”. Por mucho que nos esforcemos, toda aprehensión universalizada del “amor” está destinada a fracasar. Para generar la “idea-amor”, la máquina de aprehensión precisa de un momento de taut-amor en el plano X. Este momento de taut, que es el fruto del sumatorio de las cantidades de taut de las relaciones de “amor” que se producen en ese plano, es universal, estable, y no puede modificarse, por lo menos, en el Universo Cognoscitivo en el que se ubica la máquina de aprehensión. Porque proviene directamente del preplano X,  primer fruto del choque lenguaje (kernel)-Verdad Absoluta. Aun así, el “amor” del plano X no es una imagen fiel del amor-Verdad Absoluta. Puede, incluso, que esté tan deformada que el “amor” del plano X no represente nada de lo que en realidad es el amor-Verdad Absoluta.

Además del momento de taut-amor en el plano X, también es necesario otro momento de taut del plano Y. El “amor” se define de una manera más o menos estandarizada en cada época y en cada sociedad. El “amor” no se aprehende hoy en día igual que en la España de los años 50, o en el siglo X. Tampoco se aprehende de igual modo en España, que en China o en las sociedades de Papua Nueva Guinea. Cada época, cada sociedad tiene su experiencia de “amor”, y ésta será la que se establezca en el plano Y.

Finalmente, a pesar de la universalidad del “amor” en X, y del acuerdo social para con él en Y, cada máquina de aprehensión va a tener su propia experiencia personal con el “amor”. A pesar de lo que pueda aprender en la sociedad sobre el “amor”, cada cual va a vivirlo, experimentarlo de un modo absolutamente íntimo y personal, lo que afectará a la constitución del momento de taut de “amor” en el plano Z.

La idea-amor final será el sumatorio de los momentos de taut generados en los tres planos: será diferente en cada máquina de aprehensión. Eso sí, la función tamponadora del plano Y garantizará que las diferencias, aunque inevitables, no sean incomensurables.

No sólo vale para términos abstractos. La aprehensión de términos concretos también va a estar dirimida por este equilibrio entre planos. Así, aunque parezca que el “número uno” sea un elemento matemático y, por lo tanto, irreductible a la subjetividad, su aprehensión no ha sido siempre igual en las sociedades humanas. También influirá la experiencia propia para con el “número uno”: lo que yo aprehendo de ese número no tiene que ser estrictamente igual que lo de mi vecino.

La idea aprehendida es un juego de equilibrios de los planos YZ sobre la base (imperfecta e imposible) del plano X. El plano Y tenderá a la homogeneidad de la idea entre máquinas de aprehensión, independientemente de las circunstancias de cada máquina. Por su parte, el plano Z buscará la adecuación de la idea en la intimidad de la máquina, sin que importe el entorno social. Una lucha, un Yin Yang de cuyo resultado dependerá la compleja e intrincada red de conexiones entre ideas que constituye la máquina de aprehensión.

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