Grados de libertad en la contradicción (y II)

El principio de no contradicción, tal como lo contempla el pensamiento occidental desde Aristóteles, es aplicable a tres tipos de cuestiones:

  • Proposiciones matemáticas y lógicas: generalmente no abiertas a debate.
  • Teorías: un problema puede ser abordado desde el plano teórico de modo no contradictorio, ya que solo se tiene en cuenta uno o unos pocos aspectos de la cuestión: esto es, se aísla al problema del “ruido” ambiental, de la compleja maraña de interacciones  de una situación real.
  • Ciencia experimental: en las observaciones y ensayos científicos el problema se analiza con un control exhaustivo de todas las circunstancias que puedan interactuar con él (y alterar así el resultado). En ciencia experimental se estudia sólo una variable, ya que todos los otros elementos que pudieran resultar “variables” se transforman en constantes.

En la vida real las proposiciones lógicas no invitan a la reflexión. Poca polémica puede suscitar la cuestión de que, “si todos los hombres son mortales, también Sócrates lo es”. los modelos teóricos (por ejemplo, en economía), por su parte, se topan con la “cruda realidad”, y suelen errar. Los resultados científicos, aunque válidos (que no verdaderos), se enfrentan a la tesitura de sufrir contradicciones (resultados no esperados) por acción de circunstancias no controlables (variables no transformables en constantes). Si exigimos el cumplimiento del principio de no contradicción en estas circunstancias poco (o nada) favorables al asentamiento de una verdad no rechazable, nunca podremos establecer unos mínimos criterios de verdad, fuera del ámbito de la lógica, matemáticas, teoría y ciencia experimental. Siempre existirán datos que contradigan toda afirmación, y será esta contradicción la que destruirá todo poso de verdad que pueda contener la afirmación. De ahí el todo-relativismo postmoderno y la verdad líquida que diría Zygmunt Bauman.

Frente a ese principio de no contradicción se podría establecer un espacio más o menos acotado donde se acepte que una proposición contenga elementos contradictorios, sin que éstos la lleguen a invalidar. El tamaño del espacio donde se podría gestionar una contradicción no destructiva de la verdad no sería fijo, establecido de manera canónica, sino que su extensión dependería del tipo de proposición y de las circunstancias en las que se enuncie esa proposición. Ese espacio podría dividirse en grados, de modo que cuanto menor grado, menor libertad de la contradicción (y, por lo tanto, más cerca del principio de no-contradicción) y, cuanto mayor grado, mayor libertad de contradicción.

Propongamos la proposición “estoy en contra de matar animales” y realicemos una conexión conjuntiva con otra proposición A^B:

contradicciónfrase2

 

Los seis casos de conjunción lógica A^B son falsos, contradictorios. No se puede estar en contra de matar animales y, a la vez, salir al ruedo para matar un toro. Tampoco se puede estar en contra de matar animales cuando se está dispuesto a llamar al servicio de desratización para acabar con la vida de los roedores que han invadido nuestra casa. Desde el estricto principio de no contradicción, alguien que enuncie “estoy en contra de matar animales” debería estar dispuesto a morir si sufre una infección de algún parásito animal (por ejemplo, piojos o tenias), pues no podría, ni activa ni pasivamente, permitir una acción deletérea contra ellos. Aunque también alguien podría sostener que esa actitud es también contradictoria, pues con la no-intervención en caso de parasitación estaría favoreciendo la muerte de un animal (que es la propia persona que se niega a recibir tratamiento); además, con la muerte del huésped, también se morirían los propios animales parásitos.

Aceptemos que “estoy en contra de matar animales, e incluyo parásitos, plagas y animales que pueden poner en riesgo mi propia vida” es la conexión lógica no contradictoria. Y que más allá del “estoy en contra de matar animales y soy torero” se abre un espacio todo-contradictorio en el que no hay lugar para aceptar una verdad mínimamente consensuada. Entre ambas conexiones lógicas se extiende un espacio de contradicción que podría estratificarse en grados. Para calcular el grado de contradicción que posee cada una de las proposiciones B hemos creado un “score” con el que se miden cuatro aspectos de la sentencia:

  • Sujeto: ¿Es el sujeto de la proposición un elemento activo en la contradicción? El torero mata al animal, por lo que es sujeto activo. Sin embargo, el comprar unos zapatos de cuero no implica que el poseedor de los zapatos haya matado al animal. En algunos casos, el grado de responsabilidad del sujeto en la acción de matar el animal puede ser dudosa: si tomo un antiparasitario para combatir una infestación por oxiuros… ¿soy agente activo o pasivo de la muerte de esos animales?
  • Acción: ¿El acto contradictorio es preclaro para el sujeto de la proposición? Quien va a una corrida de toros ve en directo la muerte del animal; no cabe duda de que asiste al acto contradictorio. Quien calza zapatos de cuero puede que no haya visto nunca el sacrificio de una vaca. El colocar veneno para cucarachas en el agujero de una pared quedaría en esa zona traslúcida, donde no es tan preclara la acción contradictoria.
  • Objeto: ¿Qué criterios cumple el objeto del acto contradictorio para ser considerado realmente objeto del acto contradictorio? Un toro es un animal mamífero vertebrado y, además doméstico. Desde un punto de vista cultural y ecológico el toro es un animal que cumple con todos los requisitos para ser definido como tal. Sin embargo, en el caso de una tenia, un oxiuro o una cucaracha, su naturaleza animal (que lo son) se supedita a otra: la de ser una plaga, o una enfermedad.
  • Consecuencia: ¿Qué sucede al sujeto de la proposición si se ésta se cumple? Imaginemos que torero es una profesión que, por su alto riesgo, pone en peligro la vida del sujeto y, además, disminuye su esperanza de vida. Las consecuencias de esta proposición son negativas. Por otra parte, comer carne, calzar zapatos de cuero o matar a las mariposas que se revolotean por el campo son actos sin valor positivo o negativo. Finalmente, luchar contra las infestaciones tiene un claro cariz positivo en cuanto a salud y confort.

contradicción2

En este score que tomamos como referencia (y que solo es un ejemplo, pues es imperfecto y absolutamente discutible) cada ítem suma a la sentencia B un número n de grados de contradicción, de modo que se establecen diez grados de contradicción (de 0 a 9). Sólo queda decidir hasta qué grado se va a dar libertad a la contradicción. Aquellas sentencias que sumen menos grados de contradicción, se las aceptará como verdaderas (aunque no lo sean), mientras que a las que sumen más grados de contradicción, se las considerará contradictorias, falsas.

CONTRADICCIÓN2
Espacio de contradicción en el que se ha decidido aceptar seis grados de contradicción: A (grado O, no contradicción); B (grados 1-6, contradicción aceptada); C (6-9, contradicción no aceptada); D (grado 9, frontera de la contradicción todo-relativa); E (grado>9, espacio todo contradictorio, todo-relativo)

 

¿Y cómo se decide hasta qué grado de contradicción es aceptable? Si hablamos de proposiciones lógicas y matemáticas, no se puede aceptar contradicción alguna, por lo que sólo cabe el grado 0 de contradicción. En teoría y ciencia experimental el espacio de contradicción tampoco será muy amplio, no extendiéndose muy lejos de la no contradicción. Sin embargo, cuando aplicamos los descubrimientos teóricos y científicos en entornos reales no aislados, el grado de contradicción aceptado aumenta. Tal vez podrían darse gradaciones (en física y astronomía apenas se aceptarían variaciones del resultado real con respecto a lo observado en el laboratorio o en el sistema solar; en economía se ampliaría el espectro; en política tal vez habría que dar más espacio a la contradicción).

En una reunión de animalistas, donde todos están de acuerdo con la proposición A (“Estoy en contra de matar animales”) será fácil ponerse de acuerdo con el grado de contradicción aceptable en sus charlas y discusiones. Tal vez incluso se tolere que haya quien coma productos animales, sin que ello se sienta como una contradicción. Sin embargo, en una polémica entre animalistas y no animalistas, donde la proposición A no es norma general, los no animalistas exigirán a los animalistas reducir su grado de libertad de contradicción, hasta el punto que los primeros podrán acusar a los segundos de “hipócritas” por “permitir el sacrificio masivo de ratas de alcantarilla a la vez que se oponen a una corrida de toros”. Y es que, en sociedad, cuanto más alejadas están las posiciones iniciales del debate, menor grado de libertad de contradicción se permitirá.

No negamos que el modelo propuesto es incompleto e imperfecto. No existe un score universal con el que se pueda medir la contradicción de todas y cada una de las proposiciones. La puntuación de ese score es, además, arbitraria. En caso de que se pudiera aceptar un score universal, debería crearse un inmenso ejército de árbitros de la contradicción, que definiera el grado de libertad en cada debate y, además, puntuara el grado de contradicción de cada una de las proposiciones vertidas en él. Puntuación que, sin duda alguna, estaría abierta a debate (que exigiría de otro ejército de árbitros que arbitraran a los propios árbitros…). El objetivo de este modelo es mostrar que, más allá de la no contradicción aristotélica que estructura nuestro pensamiento occidental, pueden existir otros modelos donde se acepte la contradicción, no de un modo desaforado, absoluto, sino dentro de unos límites más o menos definidos. A fin de cuentas, tal vez es así como funciona nuestro pensamiento mundano, de todos los días, en nuestra sociedad. Aunque despreciemos y queramos erradicar la contradicción, vivimos enteramente sumergidos en ella. En vez de tratar de negarla, o despreciarla, cuánto más útil sería si la aceptáramos y la normalizáramos: en los trabajos de lógica, en la investigación científica, en ciencias humanas y, por supuesto, en nuestras polémicas de todos los días.

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