¿Qué significa hoy ser patriota?

“Hoy en este país se han manifestado pensionistas reclamando una pensión digna, que han tenido una subida, en el mejor de los casos, de un euro y medio. Una vergüenza. Para mí esos son los patriotas y no Marta Sánchez haciendo la letra de un himno mientras tributa su dinero fuera de España”.
Jordi Évole

Vivimos en un mundo muy contradictorio: mientras la globalización se extiende y va derribando fronteras a los capitales, bienes y cultura, hay ciertos sectores de la sociedad, prácticamente en todos los países democráticos, que exigen la construcción de murallas contra las personas. A la vez que se establece un liberalismo económico y, hasta cierto punto, cultural, se impone un  estricto conservadurismo nacionalista en las mentes de los ciudadanos. Así sucede con el Brexit, con los movimientos populistas europeos, con Trump o con el independentismo catalán. Todos ellos suponen que un muro, una frontera o una aduana va a proteger a los nacionales de los males de la globalización. A pesar de la evidencia categórica e innegable de que las fronteras ya nunca más serán estancas, persisten en su delirio proteccionista de una supuesta identidad pura (independentistas catalanes), una supuesta seguridad económica y social (británicos pro-Brexit), o de unos míticos Estados Unidos de Norteamérica que nunca existieron en realidad (Trump).

Por una parte, los procesos de integración supranacionales, tanto económicos (globalización) o políticos (Unión Europea) no reportan beneficios a todos los ciudadanos: a pesar de sus  claras ventajas generales, estas desnacionalizaciones dejan tras de sí inmensas minorías de perdedores. Muchos de estos perdedores ya lo eran en la era pre-global. Por otra parte, el nacionalismo genera un patriciado democrático, dentro del cual todos los que pertenecen a la nación, ricos o pobres, listos o tontos, pueden considerarse privilegiados frente a la chusma exterior, plebe generadora de todos los males imaginables. La globalización y la Unión Europea rompen con esa falsa ilusión: los que antes eran extranjeros y plebeyos, ahora pertenecen a ese mismo club, y tienen que repartir con ellos sus raciones de miseria. La globalización despoja al perdedor de su enemigo exterior; lo enfrenta a sus propias limitaciones y frustraciones sin que éste pueda hacer uso de su chivo expiatorio.

Por lo tanto, las (supuestas) identidades nacionales viven una época de esquizofrenia paranoide: mientras están obligadas a abrirse al exterior (económica, política, social, culturalmente) para disfrutar de las ventajas de una sociedad abierta, consideran a ese exterior-interiorizado como una amenaza. De ahí la contrarreación populista-nacionalista enfrentada a la reacción globalizadora. Este paisaje tan oscuro y contradictorio obliga a modificar ciertas articulaciones del paradigma de nación: ¿qué significa ser español, catalán, francés? ¿Qué significa hoy ser patriota? ¿Dónde se hallan los aspectos originales, inmodificables, estancos que constituyen el core de la nación, y que la diferencian (y sitúan en una posición superior) del resto de naciones?

Cada cuál articula el paradigma nacionalista según le convenga: a pesar de que los patriotas catalanes y españoles coinciden en lo esencial (creen que pertenecen a un grupo humano con unas características absolutamente diferenciadas de las de sus vecinos, y consideran deber sagrado la defensa de esos caracteres), discrepan en lo accesorio (el color de la bandera, la lengua, los mitos fundacionales…). Hay quien cree que Marta Sánchez es una patriota porque ha compuesto la letra a un himno nacional de tradición instrumental. Otros miden el patriotismo según dónde se tribute. También se entablan batallas de banderas (¡a ver quién tiene el asta más larga!) para demostrar el amor a la patria. Y así un incansable y absurdo etcétera.

La ventaja que tiene un himno nacional instrumental es que cada cual puede interpretarlo como mejor le plazca, y colocar en sus notas aquellas palabras o versos (o incluso silbidos) que más gusten. En un acontecimiento multitudinario, el himno español sin letra dispersa los pensamientos de la muchedumbre, no genera un sentimiento de identidad unitario. El himno cantado, por contra, exige unificar las gargantas y los cerebros de los congregados en un único modo de interpretar ese símbolo nacional. Marta Sánchez ama una idea de España, pero que es una entre las miles, millones de ideas de España que pululan por el país. Y ha puesto letra a ese modo de sentirse española, el cual es compartido por muchos compatriotas, pero no por todos.  Marta Sánchez es una patriota: nadie, ni siquiera Jordi Évole, puede arrebatarle tal atributo. Pero también es verdad que no podemos permitir que su modo de “sentir España” sea considerado el “oficial”, “único” o “verdadero”. Se rompería así esa multivocidad de la identidad española que, tal vez, sea una de sus grandes virtudes… y uno de sus más horribles defectos.

Jordi Évole compara el patriotismo de Marta Sánchez con el de los jubilados que se manifestaron no hace muchos días a favor de unas pensiones dignas. Ellos tributan en España. Marta Sánchez, que vive en el extranjero, tributa fuera de España. Ergo, según este periodista, los pensionistas son más patriotas que la cantante. Confunde patria con fiscalidad. Confunde el “ser buen ciudadano” con “ser patriota” (aunque también cabe preguntarse si pagar impuestos en tu país te convierten automáticamente en “buen ciudadano”).

No hay una respuesta única a la pregunta: ¿qué significa hoy ser patriota? En estos momentos, el patriotismo se parece mucho a la afición de un equipo de fútbol. Se puede ser del Barcelona viviendo en Madrid. Y viceversa. Tal vez haya quien no haya acudido una sola vez al estadio de su equipo favorito, ni siga con pasión los partidos por televisión o radio. Incluso puede que nunca haya poseído una bandera, bufanda o camiseta. Habrá quien exteriorice más su pasión; habrá radicales que transformen en violencia su supuesto amor a unos colores. Algunos de los aficionados serán bellísimas personas, otros unos trúhanes sin remordimientos. Cada cuál puede vivir su amor por el fútbol como le plazca, sin que nadie (¡ni siquiera Jordi Évole!) pueda robarle su ilusión por sentirse identificado con su equipo.

Un comentario en “¿Qué significa hoy ser patriota?

  1. […] Por otra parte, la ilusión de unas fronteras perfectas se ha disipado completamente. En primer lugar, porque nunca existió esa perfección en la demarcación de límites nacionales. En segundo lugar, porque las aduanas son permeables a bienes, capitales y cultura. Tan solo las alambradas y los mares frenan las masas desesperadas de seres humanos que buscan un futuro mejor. Pero, aún así, ni esas vallas, ni las furiosas aguas de los mares y océanos pueden evitar que cientos de miles de personas penetren esas fronteras, aquéllas que un día se consideraron inexpugnables. Con esto, la falsa ficción de una identidad pura se desvanece. Ya no existe, o no puede existir, una definición unívoca de qué es ser español, catalán, vasco. Cada persona, cada ciudadano, interpreta su españolidad, catalanidad o vasquidad según lo considere oportuno, sin que desde poderes externos puedan imponerle un modelo único de identidad. […]

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