El Mercado, el otro poder parademocrático

El poder democrático per se solo afecta a un aspecto muy concreto de la sociedad democrática, y éste es su código legislativo. Existe un único corpus legal que atañe a todos los ciudadanos por igual, independientemente de su condición de sexo, raza, origen, edad o riqueza. Su origen está en las tremendas revoluciones políticas del siglo XIX, que lograron destruir la concepción estamentaria del Antiguo Régimen, que diseñaba códigos legales diferenciados para grupos sociales diferentes. Aparte de esa igualdad ante la ley, el poder democrático concede a cada ciudadano una idéntica cuota de poder, representada por el voto, con la cual se eligen los representantes que van a diseñar, modificar e implementar esas leyes “iguales para todos”. Esto es, representación en el legislativo y ejecutivo.

La democracia solo es democrática en el ámbito legal. Nada más (¡y es mucho!). Pero la vida social es mucho más compleja, rica y fecunda de lo que un código legislativo pueda llegar a controlar. Existen aspectos que no son consideraros por la ley (extralegales, como pueden ser los sentimientos); otros, incluso, son previos a la ley y pueden influir en ésta de manera decisiva (prelegales, como por ejemplo, las tradiciones). Un gobierno puede aplicar más o menos torpemente un programa electoral; los legisladores pueden tener más o menos tiento a la hora de reformular leyes; pero la acción de gobierno y la reforma legal poco van a influir en los sentimientos del día a día de una persona, salvo que su importancia se hipertrofie desde los mass media y llegue a monopolizar el espacio público. Las tradiciones poco o nada se ven influidas por la ley: son previas a ellas; están allí, supuestamente, desde la fundación del pueblo al que pertenecen, y allí seguirán, cuando la ley sea sustituida por otra.

Frente al poder democrático se estructuran dos poderes parademocráticos que sí van a poder manejar de manera efectiva algunos de esos aspectos sociales-culturales-económicos que quedan fuera del ámbito democrático: Poder (con mayúsculas) y Mercado (con mayúsculas). Son parademocráticos porque todos los ciudadanos están incluidos en esos poderes, pero sus cuotas de poder no están repartidas de manera uniforme, sino que habrá ciudadanos con más poder que otros. A pesar de esta desigual distribución de las cuotas de poder, no se puede hablar de poderes verticales, ejercidos de arriba abajo por oscuros hombres poderosos que manejan a los cuitados ciudadanos. Son más bien poderes horizontales, ejercidos por todos contra/para todos. Aunque la cuota de poder parademocrático de los poderosos nunca llegue a tomar posiciones monopolísticas, sí es cierto que mantienen cierta dominancia y una mayor capacidad de influencia que la de un ciudadano medio.

El Poder ha sido diseccionado en varios artículos de este blog. El Poder en España es machista (que no masculino), blanco, rico, urbanita, católico-laico y castellanoparlante (aunque en algunas comunidades autónomas el Poder habla en otros idiomas). El Poder decide, de entre toda la información que es generada en el sociedad, cuál es la correcta y cuál la incorrecta. El Poder segrega, analiza y clasifica la casi infinita colección de datos que son manejados por los ciudadanos. El control de la información es poder; y si esta información es caótica, infinita, desorganizada, no puede llegar a ser “aprehendida”, pueden generarse áreas de incertidumbre y desasosiego. A partir de este trabajo de “criba”, el Poder genera un Discurso, que es la colección de datos, informaciones que son consideradas útiles a la sociedad o, por lo menos, se toleran. Una inmensísima cantidad de piezas de información que no encajan en el Discurso, son desechadas: bien se arrinconan de modo casi reflejo e inconsciente, bien su prohibición se estructura en torno a tabús. La sociedad así es controlada mediante la información que maneja. Los que se desvían en sus conversaciones de ese camino marcado por el Discurso son consideraros locos, enfermos, marginados.

Junto al Poder aparece el Mercado. Si el Poder maneja contenidos intangibles, el Mercado estructura las interacciones humanas que atañen a bienes y capital. Como bien podría decir Karl Marx, desde que el ser humano se estableció en comunidades neolíticas, el intercambio de objetos y mercancías ha sido una constante en la sociedad. El Mercado rige esos intercambios. El poder democrático limita algunos campos de acción del Mercado. Pero no todos. Incluso en las economías más intervencionistas, como pueden ser las comunistas, hay una amplia área de interacciones comerciales que no pueden ser de ningún modo legisladas: quedan en un limbo paralegal o extralegal, que no ilegal. Es en ese espacio, más o menos amplio, más o menos intervenido, de comercio de bienes tangibles donde actúan los mecanismos parademocráticos del Mercado. Todos tenemos cuota de participación en el poder del Mercado. Salvo los indigentes, los excluidos de la sociedad. Pero todos no poseemos la misma cantidad de poder: dependerá de nuestra riqueza. El Mercado, como el Poder, es un poder horizontal: nadie atesora tantos bienes y capital como para monopolizar y controlar los resortes del Mercado. Lógicamente un gran potentado influirá mucho más que un trabajador, pero su influencia queda disuelta en el conjunto de interacciones económicas que se dan entre todos los componentes de la sociedad. Así, todos influimos en el Mercado: cuando compramos una determinada marca de automóvil; cuando nos decidimos por Android o Ios; cuando compramos o alquilamos vivienda; cuando utilizamos plataformas de compra online o vamos a la tienda del barrio… Todos somos Mercado.

El Mercado cerraría el esquema de control social que explicaría, sino todas, gran parte de las interacciones humanas. Se uniría a la Tradición (predemocrática), al Poder (parademocrático, aunque también con aspectos predemocráticos), y a la Ley (democrático, en el caso de democracias liberales). Indudablemente, estos poderes no actúan de modo aislado, sino que entretejen relaciones, y cooperan. Así como el poder político interviene en el Mercado, éste último impone sus condiciones al poder político. Si el Mercado fuera un poder vertical, podría aceptarse la teoría, muy extendida en la sociedad, de que los hilos de la política son movidos por las grandes fortunas. Pero, probablemente, la acción política del Mercado, con su estructura de poder horizontal sea mucho más compleja e intrincada que lo que se deduce de esa opinión.

10 comentarios en “El Mercado, el otro poder parademocrático

  1. […] El Poder, altamente imbricado con la Tradición, modificó esa primigenia forma de control sexual. Ofreció un discurso oficial acerca de la sexualidad, aceptado tanto por los hombres como por las mujeres, porque cuando aquí se habla de Poder con mayúsculas, se refiere a un poder horizontal, donde todos los ciudadanos tienen una cuota de poder, aunque éste no se reparte de manera democrática. Y el Poder con mayúsculas, en el caso de nuestra sociedad judeocristiana, entregó la mayor cuota de poder al sexo masculino. El Poder es machista, y con él la sexualidad se transformó, a partir de entonces, en un elemento de control social dirigido por hombres hacia/contra los mismos hombres y las mujeres. […]

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