Hacia una verdad quiral (y XIV): La verdad quiral

En este blog hemos ido construyendo una nueva sistemática de aprehensión de la realidad. Para ello, hemos diseñado una máquina de aprehensión, que se podría definir como la estructura mínima capaz de aprehender la información que le llega desde el exterior. Esa máquina, per se, no tendría ninguna operatividad por sí misma, ya que precisaría trabajar junto con otros sistemas, otras máquinas que compararan, agregaran, mezclaran la información aprehendida. La unidad básica de aprehensión se ha definido como “ idea”. La idea no es ni puede ser Verdad, sino tan solo una imagen útil de la misma. Y esa utilidad se demuestra, sobre todo, en su validez a la hora de adecuar y acomodar al ente poseedor de esa máquina de aprehensión. Por lo tanto, según este esquema, no seríamos capaces de captar la Verdad Absoluta, pura, externa, independiente; inalterable a nuestros deseos y necesidades. Solo podríamos vislumbrar una imagen de la misma, más o menos fiel al original, que nos sería útil tanto en la supervivencia, como en la relación para con los otros.

La idea es posible porque la máquina de aprehensión puede transformar una porción de esa Verdad-en-sí que es la Verdad Absoluta es una Verdad-en-otros que es la Realidad. Porque si la Verdad es el acúmulo absoluto, desordenado, caótico y, a fin de cuentas, agregado en una sola unidad (1+1=1), la Realidad sería esa la región de esa misma Verdad desordenada, pero que afecta, actúa y condiciona la vida de una entidad. Esa acción de internalización de una porción de Verdad se realiza a través del lenguaje. No en vano desde los primeros capítulos hemos insistido en que la máquina de aprehensión es un mero chicle de Verdad y lenguaje. El lenguaje va más allá del idioma humano. Se ha definido como todo aquel instrumento que permite percibir y diferenciar dos objetos entre sí. Los sentidos son lenguaje (primarios, pues operan en el individuo de manera independiente a la socialización), las palabras son lenguaje; las expresiones faciales, los gestos son lenguaje; el arte, la gastronomía, la moda, la ciencia… son lenguaje. Todos esos tipos de lenguaje, desde los más primitivos a los más complejos, de los más individuales a los más colectivos son expresiones, derivaciones, pulsiones… de un único lenguaje universal, el lenguaje kernel.

Verdad Absoluta y lenguaje kernel son los ingredientes primarios de la aprehensión. Los dos son universales, externos, inmodificables. Pero la relación entre Verdad y lenguaje kernel no es armónica. Las imágenes de Verdad que se forman a partir del lenguaje kernel no corresponden con el objeto original. El lenguaje kernel distorsiona la Verdad, de modo que no es, por sí mismo, un instrumento útil para la aprehensión de la Verdad: sus ideas, sus imágenes no serían útiles, no permitirían la supervivencia de una máquina-ser vivo que solo utilizara ese lenguaje como la base de su aprehensión. El lenguaje kernel, que es lenguaje-en-sí, precisa de ser transformado por la máquina de aprehensión, convertirse en un lenguaje-en-otros para que las ideas, fruto de ese nuevo lenguaje, permitan la supervivencia y la acomodación en la Realidad.

La idea aprehendida por la máquina de aprehensión es el fruto de la integración de tres imágenes de Verdad. La primera es la imagen de Verdad universal; esa imagen que, aunque imperfecta y no apta para la supervivencia, es obtenida a través del lenguaje kernel. Nuestra aprehensión de las ideas no podría así desligarse de la naturaleza primaria errónea del lenguaje kernel. Es su “pecado original”: según esta teoría, todo lo que nosotros creáramos estaría “manchado” desde su concepción por el lenguaje kernel sobre el que se construye. No podemos alcanzar la Verdad Absoluta porque, además de ser externa a nosotros y agregativa (1+1=1), cualquier instrumento que fabriquemos para su exploración está sesgado desde su origen.

La segunda imagen de Verdad sobre la que se genera la idea es la interna: al contrario de la universal, la imagen de Verdad interna es única, personal e intransferible. Faculta la supervivencia de la máquina de aprehensión. Altera la idea según necesidades operativas de la máquina. La tercera imagen de Verdad es la externa, la social, la que permite que mi idea sea más o menos compatible con la idea de los que me rodean.

Por lo tanto, una sola idea, tres imágenes: universal, interna y externa. Desde este sistema de aprehensión se pierde la posibilidad de acceder a la Verdad, única, universal, eterna, inmodificable, externa. La idea es y será una imagen imperfecta de la misma; lo que sabemos y aprehendemos siempre atesorará una sospecha de falsedad, una incertidumbre inviolable. Un sistema de aprehensión inestable, todo-relativo, en el que toda idea que podamos obtener a través de nuestros sentidos y la experiencia se supone como errónea o, por lo menos, sospechosa de serlo.

Es cierto que, desde este sistema, nos manejaríamos en términos de validez y no de verdad. Una idea puede ser válida, útil, para cierto individuo, en ciertas circunstancias, y en cierto momento. Esa misma idea podría quedar invalidada para otro individuo cuyas circunstancias de vida sean muy diferentes a la del primero. Pero también cabe pensar que todo sistema tiende a un equilibrio, a un estado en el que se obtenga una idea válida para todos los individuos, para todas las circunstancias, en todo momento. Esa idea no tiene porqué ser verdadera; incluso situarse en una órbita muy alejada de la Verdad. Pero esa idea tendría valor universal de verdad para todos los individuos que la aprehendan.

Siendo parte de ese chicle de Verdad y lenguaje que es la máquina de aprehensión, esa idea-en-equilibrio precisa también de un lenguaje-en-equilibrio como ingrediente básico. Ese lenguaje-en-equilibrio debe ser universal, utilizado por todos los individuos implicados. Pero también rico, amplio, que ilumine amplias regiones de la Verdad: que convierta a la mayor parte posible de la Verdad-en-si en Verdad-en-otros, esto es, en Realidad. Y que esa Realidad sea la misma para todos. Es lo que hemos definido como lenguaje extendido y democratizado.

El lenguaje extendido transforma vastas regiones de la Verdad en Realidad. Al estar democratizado, esto es, que todos los individuos lo conocen y hacen uso de ese lenguaje, éstos aprehenderán una misma Realidad. Aprehenderán ideas casi idénticas: solo diferirán en esos aspectos intrínsecos, individuales e intransferibles, inherentes a toda idea.

Una idea así constituida, en base a un lenguaje extendido y democratizado obtendrá unos criterios de estabilidad suficientes como para considerarla como verdadera. Pero, independientemente de la extensión y democratización de ese lenguaje; independientemente del número de individuos o máquinas de aprehensión que manejan ese lenguaje; independientemente de la universalización de la idea, siempre habrá que aceptar que es una verdad-no verdad, situada en un área alrededor de la Verdad Absoluta, la cual que nunca llegaremos a conocer. Deberemos aceptar la incertidumbre.

Esa es la verdad quiral: la verdad-no verdad, la idea universalmente válida fruto de un lenguaje extendido y democratizado, la verdad que tal vez no hayamos aún alcanzado pero que, desde las capacidades y las limitaciones de nuestro intelecto, sea lo más cercano a lo que podemos aspirar en términos de verdad no contradictoria. Una verdad “cuántica”, en cuanto a que no es verdadera (solamente útil), pero no es relativa (porque es aceptada universalmente). Una verdad en la incertidumbre y en el equilibrio, que es el objetivo que mueve y al que aspiran nuestras máquinas de aprehensión, nuestros cerebros, nuestros intelectos.

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