Revolución sexual y feminismo (II): Las revoluciones modernas

Beloved revolutionary sweetheart
There will be no revolution
Without sexual revolution

Out of the bedroom
Into the streets
The bed is the last barricade
Of bourgeois life

The revolution is my boyfriend
The revolution is my girlfriend

Masturbation
Is counterrevolutionary
We need advancement of praxis over theory

The October-revolution was ruined
When it rejected free love
Heterosexuality
Is the opium of the masses

Relax! Think of the revolution
Put your Marxism
Where your mouth is

Give up your bourgeois fixation
On monogamy
And on fidelity

Baby Revolution. Stereo Total (Paris-Berlin, 2007)

Y sin embargo, la Tradición y el Discurso evolucionan: opciones sexuales que antaño estaban prohibidas son aceptadas por la sociedad y, al contrario, otras que bien podían considerarse como “normales”, reciben el grueso candado de un tabú. La historia de la sexualidad en Europa no es, por lo tanto, una unidad homogénea que haya permanecido invariable desde la adopción de la fe cristiana, allá en los remotos tiempos del alto medievo, hasta las transformaciones sociales contemporáneas. Tal vez sea cierto que formas y actos sexuales permitidos en tiempos antiguos (homosexualidad, pedofilia, incesto…) fueron prohibidos por la Iglesia Católica. Pero la historia de los mores sexuales europeos es fecunda en infidelidades, orgías y otros escándalos, incluso en los tiempos de las guerras religiosas, cuando la Reforma y la Contrarreforma asfixiaban los usos y costumbres de los europeos. Por ejemplo, se conjetura que el astrónomo Tycho Brahe murió durante una bacanal durante la que pretendía obtener el placer mediante la retención voluntaria de la orina. Si es cierta o no esta anécdota, poco importa; lo significativo es la idea de que, en el siglo XVII existían ese tipo de fiestas y actos placenteros.

Louise_Marie-Jeanne_Hersent_-_Daphnis_et_Chloe
Dafnis y Chloe. Louise Marie-Jeanne Hersent (1784-1862)

Tal vez hayan sido durante los tiempos de la Modernidad cuando la sexualidad haya sufrido una mayor transformación. El rechazo a la Tradición no habrá expandido en demasía el ámbito sexual permitido, pero ha traslocado su “locus”, de modo que hoy en día se permiten actos que antaño estaban censurados, y viceversa. La primera gran revolución sexual de la Modernidad tal vez sucedió durante el Romanticismo. Este movimiento reclamó el derecho personal del hombre a elegir su compañera sexual; el amor debía prevalecer a los intereses sociales y familiares. El tema de la libre elección de pareja sexual no era, sin embargo, novedoso; así, se pueden leer aventuras amorosas de esta índole a lo largo de toda la historia de la literatura europea anterior al Romanticismo: desde “Dafnis y Chloe” de Longo de Lesbos, hasta “Romeo y Julieta” de Shakespeare, pasando por una amplia y surtida colección de poemas amorosos de todos los estilos, épocas e idiomas. Lo que sucede en el Romanticismo es que el Discurso lo incorpora, lo normaliza. Si antes los enamorados debían esconder su amor clandestino de las miradas de las familias y allegados, los románticos ensalzarán esta forma de amor frente a la tradicional selección por conveniencia. El amor por el amor se legaliza (“Werher” de Goethe, “Cumbres borrascosas ” de Emily Brontë).

La revolución romántica modificaba la unión sentimental-sexual de un hombre y una mujer desde el punto de vista de la voluntad individual. Seguía, sin embargo, anclada en viejos clichés premodernos, como lo era la preeminencia de la heterosexualidad y la inviolabilidad del matrimonio. El Romanticismo libera al individuo y le otorga un manejo emancipado de sus sentimientos; pero la pareja seguirá atada a los usos y costumbres. Es por ello que lo romántico posee cierto toque naíf: el amor a primera vista dura toda la vida. El amor verdadero debe ser y es perfecto.

amour

Tras el subidón hormonal del Romanticismo, la libre elección de pareja sexual trajo una profunda decepción: el amor que debía durar toda la vida se agotaba mucho antes (“El amor dura tres años” de Beigbeder). La pareja que había sido elegida por amor se transformaba en una pesada losa, tanto o más que si la elección hubiera sido realizada por conveniencia. Y así, desde el momento de ese desengaño hasta la muerte, la persona debía convivir sentimental y sexualmente con otro ser hacia el que, muchas veces, ya no sentía ningún tipo de atracción. Momento pues, de las infidelidades.

La siguiente revolución sexual abrió la puerta a tolerar poseer/sucederse varias parejas sexuales a lo largo de la vida. El amor a la primera vista se transformó en pasión, la cual no obligaba a atarse de por vida a la persona por la que se había quedado prendado/a. Aunque la fidelidad conyugal siguió (y sigue) siendo un aspecto inquebrantable y no discutible, se permitía al hombre cumplir sus cuotas de penetración con tantas mujeres quisiera (o pudiera) hasta, por lo menos, el matrimonio. Junto con ella o, mejor aún, un poco más tarde sobrevino la (primera) liberación sexual de la mujer: a ella que, hasta entonces se le había desprovisto del derecho a gozar en las relaciones sexuales (era objeto pasivo, receptor del acto orgásmico de la penetración), se le abre la puerta a un deseo sexual que iba más lejos de la mera acción reproductora. Si el hombre goza, la mujer también. Y si el hombre tiene la obligación de cumplir unas cuotas de penetración, y el derecho a cumplirlas con múltiples mujeres; éstas obtenían, aunque sea de modo indirecto, el derecho a ser penetradas por placer (y no por reproducción). Las tecnologías de planificación familiar dejaron de ser un delito porque la sexualidad con fines no reproductivos fue incluida como práctica aceptable en el discurso oficial.

Sexualidad por amor, sexualidad por pasión, sexualidad femenina. Las revoluciones modernas han trasladado el concepto de sexualidad “normal” hacia estos espacios y formas, marginando otros que, antaño, eran los moralmente aceptados (matrimonio por conveniencia, pareja sexual estable de por vida, anorgasmia femenina). Sin embargo, todas estas modificaciones del espectro sexual han tenido como centro, objeto y fin al hombre, y no a la mujer. En la sexualidad romántica, era el hombre el que se desvinculaba de las obligaciones y convenciones; en la sexualidad pasional, los beneficios que obtiene la mujer son circunstanciales y subordinados a los del hombre. Faltaba, por lo tanto, dar un paso más en la revolución sexual , de modo que los hábitos contemporáneos se desvinculasen no solo de la vetusta Tradición, sino también del Poder, esto es, una liberación sexual centrada en la mujer.

2 comentarios en “Revolución sexual y feminismo (II): Las revoluciones modernas

  1. […] Durante la Modernidad se han producido tres revoluciones que han reconfigurado el modo de sentir y vivir la sexualidad. Sin embargo, ninguna de esas revoluciones implicó una extensión del área permitida de sexualidad, sino que todas ellas desplazaron el espectro sexual de unas áreas de permisividad a otras. Algo que en el siglo XVI era considerado noble y honrado como, por ejemplo, el matrimonio por conveniencia familiar, en el siglo XX se había ya transformado en un tabú que violaba la intimidad del individuo y cercenaba su libertad de elección. […]

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