Tecnologías del deber: necesidad, obligación y posesión

Se llama necesario:
1- La condición sine qua non para que algo pueda vivir; por ejemplo, respirar y comer es necesario para el animal, puesto que sin ello es imposible que exista.
3- Lo forzado y la imposición, es decir, aquello que, encontra del deseo y de la elección deliberada, obstaculiza e impide. Lo impuesto se llama necesario, y por eso es doloroso o, como dice Eveno, “todo lo necesario  es por naturaleza penoso”
Aristóletes. Metafísica.

Cuando Aristóteles define “necesario” en el libro V de su Metafísica, no está aportando una nueva definición de esa palabra, ni tan siquiera está realizando un descubrimiento etimológico desconocido hasta entonces en su lengua (la griega). Simplemente está describiendo los usos comunes del término “necesario”, tal y como se empleaba en la sociedad en la que vivía el gran filósofo de Estagira. Así, “necesario” es tanto lo imprescindible para la supervivencia de alguien o algo (imposición interna) como lo obligado y forzado desde la sociedad (imposición externa). Necesito comer para vivir, pero también necesito pagar mis impuestos si no quiero ser sancionado (lo cual puede limitar mi acceso al alimento).

Sin duda alguna, no es tan necesario pagar los impuestos como el comer, pero al utilizar el mismo verbo y el mismo término para referirse a las dos situaciones, la necesidad de pagar impuestos se está equiparando a una necesidad más urgente y vital como lo son la comida, el abrigo, el apoyo emocional o el sueño. Probablemente no sea casual que la necesidad y la obligación estén ligadas: si una sociedad es capaz de que las tradiciones/normativas/leyes sean observadas con la misma gravedad que los asuntos de vida y muerte orgánicos y psicológicos, entonces habrá más posibilidades de que los miembros de esa sociedad los cumplan y observen obedientemente.

La fusión necesidad-obligación no solo aparece en la lengua griega. En castellano y, por ende, probablemente también en muchas lenguas romances, “necesito pagar mis impuestos” es un sinónimo de “estoy obligado a pagar mis impuestos”. En euskera, el verbo “behar izan” se utiliza indistintamente para necesidades puras y obligaciones externas. Lo mismo sucede en una lengua eslava como la polaca, donde el “potrzebować” tiene ambas funciones. No sucede así en el inglés, donde el “need to” expresa de manera pura una exigencia interna, mientras el “must” se utiliza para imperativos legales, sociales o, incluso, naturales (exteriores al individuo).

Además de con la necesidad, la obligación se asocia con la posesión. Así como yo “tengo” un objeto, también “tengo que” pagar mis impuestos. La obligación, pues, no solo es aprehendida como un apremio fisiológico, sino también como una propiedad inherente. Los griegos usaban el término προσήκω, “pertenecer”, al que añadían un dativo. En inglés se utiliza el “to have to + infinitivo”. El polaco añade a su “potrzebować” un genitivo, cuando desde un punto de vista “romance” le convendría más un acusativo. Otros idiomas, como el francés o el euskera, no relacionan tan claramente el deber con la posesión.

Cuando se habla de tecnologías del deber, del poder o del permitir, hay que tener en cuenta que algunas de ellas son tan profundas, tan básicas, que reposan en el “core” de nuestro pensamiento. Y el lenguaje, como elemento que le da forma y contenido, no es inmune a este control tecnológico. Si nuestro idioma ha asociado el deber a la necesidad más vital e imprescindible, o a un objeto poseído, o a ambos, es porque la sociedad donde se habla ese idioma ha encontrado útil esas asociaciones. Un deber que no se siente como algo indispensable para la vida, o como una propiedad, una riqueza, tal vez no se cumpla de manera tan rígida, estricta y ardorosa.

Habría que preguntarse si existe alguna sociedad en cuya lengua no se vincule la necesidad interna y la propiedad inherente a la obligación externa. Y, de encontrar una, habría que valorar si la percepción del cumplimiento de tradiciones/normativas/leyes es más relajada que en la Grecia Antigua de Aristóteles, o en las sociedades europeas contemporáneas. Si se trata de una sociedad desprovista de tecnologías del deber o si, por el contrario, éstas actúan sobre la sociedad de diferente manera que en las nuestras.

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