Identidad, diferencia y desigualdad

Hemos definido cultura como el conjunto de elementos no programados genéticamente que tienen como fin promover una modificación del hábitat natural de las personas. La cultura posee una transmisión memética a lo largo y ancho de la Historia. Estas modificaciones culturales mejorarían y superarían las expectativas de supervivencia y desarrollo de las personas implicadas. La sociedad, como agrupación de seres humanos, sería una conditio sine quanon para la existencia de cultura, pues sin ella todos los contenidos y avances culturales no podrían ser compartidos tanto con otros individuos coetáneos como con generaciones posteriores. La cultura, como elemento anti-natural, va a alejar a la sociedad de la naturaleza, esto es, de las condiciones genéticas que restringen y limitan la vida y bajo las cuales viven, por ejemplo, los animales. A más cultura, menos naturaleza. Por otra parte, la cultura precisa de dos elementos internos societales que van intrínsecamente unidos a ella: la desigualdad social y el excedente material. La primera sería el motor de generación y acúmulo de productos culturales; el segundo, el combustible con el cual se alimentará ese motor.

El acúmulo cultural de la Humanidad a lo largo de decenas de miles de años de Historia es descomunal: desde las primeras piedras talladas del Paleolítico hasta las naves espaciales más avanzadas, pasando por la agricultura, vestimenta, lenguas, literatura, gastronomía, edificación, legislación… Todo ello ha sido cogitado, diseñado y desarrollado por grupos de personas, y la transmisión de este conocimiento no puede ser realizado por mecanismos naturales-genéticos. De toda esa batería de objetos culturales, la sociedad utiliza solo un grupo limitado de ellos. No necesita “aprender” todos y cada uno de ellos (tarea que, si no imposible, probablemente fuera harto complicada). Así, a los habitantes de ciudades contemporáneas les es inútil saber cómo hacer un fuego mediante el golpeo de piedras, y ese conocimiento, aunque forma parte de la cultura humana, ha desaparecido en muchos lugares del mundo.

Esta selección de elementos culturales sigue unos criterios pragmáticos-utilitarios: lo que es útil, se conserva y mejora; lo inútil se olvida. Pero, como también hemos comentado en artículos anteriores, la sociedad no es un acúmulo de personas individuales: ésta tan solo es capaz de recoger una pequeña parte, unos pocos aspectos, de la dimensión completa de cada uno de esos individuos. A está porción de individuo que forma parte de una sociedad lo definiremos como persona social (frente a persona individual, que englobaría el “todo” del individuo). Es por ello que cuando se habla de pragmatismo social, puede suceder que lo que es bueno para una sociedad (conjunto de personas sociales), no lo sea para las personas individuales que la forman. Incluso ciertos objetos culturales pueden ser deletéreos para muchos individuos. Sin embargo, en cierto modo, no son dañinos para la sociedad en general, la cual utiliza esos elementos para preservar su existencia y dotarla de estabilidad.

Diferentes grupos sociales eligen, de todo el repertorio histórico, diferentes elementos culturales en base a esos criterios pragmáticos-utilitarios. Algunos serán comunes a todos o casi todos los grupos sociales; otros, por contra, serán aprovechados por un escaso número de ellos. Los elementos culturales seleccionados de manera universal, por todas o casi todas las comunidades, probablemente, trasciendan el pragmatismo social anteriormente descrito y puedan ser considerados como elementos básicos de supervivencia de personas individuales dentro de una sociedad. La lengua, en general, por ejemplo, con sus miles de variantes, es una creación cultural sin la cual no solo la sociedad no sería posible, sino que, probablemente, tampoco habría lugar a la persona en tanto que individuo separado y aislado.

A pesar de la existencia de esos elementos comunes a todas las sociedades, o de otros que son muy frecuentes y se encuentran en la mayoría de ellas, los grupos sociales tienden a exagerar la importancia de aquellos que les diferencian de otros grupos. Así, la lengua, abstracta, positiva, como elemento universal de comunicación se transforma en una lengua identitaria, excluyente, negativa. La religión, fenómeno cultural también universal, se compartimentaliza según los nombres de los dioses a los que se rinde culto. Elementos folklóricos, mitos históricos, objetos presumiblemente contenedores de un espíritu sagrado (banderas, monumentos…)… todo es útil para crear una compilación de elementos culturales diferentes a los de nuestros vecinos. Son los elementos identitarios

Una característica común de estos elementos identitarios es su escasa repercusión pragmática-utilitaria. Y es que, si un elemento cultural solo es útil a un grupo humano más o menos numeroso, más o menos extendido, es porque, realmente, tampoco es muy importante tanto para la supervivencia de las personas individuales como de las personas sociales. Su desaparición probablemente no conlleve ni la apocalipsis de la Humanidad, ni siquiera la desaparición del grupo social donde ese elemento está vigente.

Los elementos identitarios forman parte del sistema de control social. Éstos serían el producto de las tecnologías del deber: si quiero pertenecer a un grupo social, debo ser de una determinada manera. Por lo tanto, se tratan de tecnologías del deber que conjugarían el verbo modal “ser”: “debo ser”. Esta asociación entre elementos identitarios y “debo ser” es vital para comprender cómo funcionan los mecanismos de identidad social. La identidad no se maneja en términos antiguos-premodernos (“debo hacer”), modernos (“puedo ser”) o posmodernos (“puedo tener”). El “debo ser” identitario es más primitivo, más visceral, tal vez menos refrenable por las tecnologías del permitir. Yo pertenezco a un grupo, independientemente de lo que pueda hacer o tenga. “Soy” del grupo, pero por aspectos que ni yo mismo puedo controlar.

“Debo ser”: Es por ello que los elementos culturales identitarios van de la mano de los elementos fenotípicos de nuestro genoma. Todos los seres humanos poseemos una carga genética similar, y ésta es independiente del grupo social al que pertenezcamos. Las cualidades que nos otorgan estos genes no difieren en rangos muy amplios: Podemos ser más altos, o más bajos, pero la diferencia entre el más alto y el más bajo se mide en unas pocas decenas de centímetros. Nadie mide ocho metros de altura, nadie mide veinte centímetros. Lo mismo sucede con la inteligencia, funciones sensoriales y fuerza física. Estas diferencias, tan poco significativas entre individuos, se diluyen, incluso desaparecen, cuando comparamos grupos sociales. Sin embargo, desde la identidad se recuperan ciertos elementos fenotípicos, inútiles desde el punto de vista de función y supervivencia de la persona, pero que permiten discriminar, diferenciar a unos seres humanos de otros. El color de la piel tal vez sea el elemento fenotípico más utilizado en la discriminación entre seres humanos. Para pertenecer a un grupo social “debo ser” blanco, negro, amarillo, naranja… y si no lo soy, quedo excluido. Elemento fenotípico aparente, visible a primera vista, pero que, realmente, no posee ningún valor pragmático-utilitario, ni a nivel de persona individual, ni de persona social. Además, en la segregación por razas no hay lugar para el “debo hacer” premoderno, pues no pueden existir leyes que obliguen a un individuo a cambiar de color. Tampoco para el “puedo ser” moderno, ya que nadie puede modificar su raza, por más que se empeñe. Y, hasta la fecha, tampoco se puede dar un “puedo tener” postmoderno, pues la industria aún no ha creado la tecnología necesaria para la sustitución a capricho de piel humana.

Si la identidad reúne tan solo aspectos biológicos y culturales inútiles para la supervivencia tanto de la persona individual como de la persona social… ¿cómo es que todas las sociedades, desde tal vez la Prehistoria, le han dado tanta importancia y significación? Es cierto que, tomados de uno en uno, todos estos elementos no confieren una gran ventaja de supervivencia; pero todos ellos, en conjunto, son una poderosísima herramienta de homeostasis social. Porque lo que generan los elementos identitarios no es homogeneicidad, sino todo lo contrario: diferencia. Y a partir de esa diferencia, por poco pragmática y útil que sea, se va a generar una desigualdad entre personas; desigualdad necesaria para el mantenimiento y supervivencia de la sociedad.

Antaño no había problema en asociar diferencia identitaria con superioridad. A principios del siglo XX el racismo era la norma, y no la excepción, en Europa. Quien acusa a Sabino Arana de racista (que lo era), tendría que también que aceptar que el discurso aranista no era muy diferente del de, por ejemplo, Ortega y Gasset (léase, por ejemplo, la “España invertebrada”, donde el filósofo español defendía la superioridad de las razas germánicas). Sin embargo, hoy en día, clamar por la superioridad racial o grupal está mal visto. Ahora la identidad no se asocia con “superioridad”, sino con “diferencia”: “no somos mejores que vosotros, pero somos diferentes”. Pero esa inocente diferencia a la que se alega desde los movimientos identitarios oculta, a la postre, el mismo espíritu de desigualdad al que convocaban, desde sus púlpitos, los segregacionistas decimonónicos.

Tal vez los elementos identidarios sean inevitables: son uno de los peajes que tenemos que pagar por vivir en sociedad. Sin embargo, que sea inevitable, o necesario, ese sentimiento de pertenencia a un grupo diferente (¡y especial!, ¡y mejor!) con respecto al de los Otros, no significa que podamos ser conscientes del origen y de las implicaciones de esos sentimientos. Y, mejor aún, desde esa consciencia, no dejarnos embelesar por los cantos de sirena y los tañidos de campanas de guerra que, desde las instancias políticas, nos suelen incitar al odio a ese vecino que vemos tan distinto, pero que, en el fondo, en lo que realmente importa, no hay disparidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s