Del relativismo a la incertidumbre: del todo-desordenado a lo limitado-ordenado

0563PE_P-23329.JPG
Le coup de l’étrier. Jean Baptiste Lallemand (1716-1803)

¿Es el cosmos un ente ordenado o, por el contrario, necesitamos de un cosmos ordenado para poder aprehenderlo?

El saber natural, animal, se basa en un conjunto de procedimientos que están recogidos, sino íntegramente, si en su casi totalidad, en el código genético. Un perro no necesita acumular mucha más información que la que recibe de sus dueños para generarse una idea del mundo. A través de su instinto y de los condicionamientos que reciba a lo largo de su vida generará un espacio vital completo, inapelable y no sujeto a discusión. El perro no va más allá de lo que ve, oye, huele o siente.

Si habría que definir con una palabra al saber animal, esa podía ser “fatalista”: los hechos son los que son, hay que aceptarlos tal como llegan, pues no hay manera de actuar sobre ellos para modificarlos. El animal no adapta el medio a sus necesidades; el animal se adapta al medio.

En el momento en el que el ser humano se hace humano, decide ir “más allá” del instinto, del condicionamiento. No acepta los hechos tal como le vienen dados. Quiere tener capacidad de influir sobre ellos; cambiar el entorno para que éste se adecúe a sus aprietos y deseos. No hay persona humana-absolutamente-fatalista, pues todos, de una manera u otra, bien con el verbo, bien con el acto, modificamos nuestras circunstancias.

Ahora bien, para llevar a cabo este proceso de aprehensión no natural, no instintiva, se debe asumir también una renuncia: la de ser capaces de vivir en un maremagnum caótico de datos recibidos a través de los sentidos y, además, todos al mismo tiempo. Porque en realidad eso es la naturaleza exterior a la mente humana: una red compleja de información que no encaja en un espacio y un tiempo. El perro puede vivir en ese universo emocional y de sensaciones. La persona, si quiere ser humana, tendrá que aceptar su incapacidad a moverse en ese terreno.

El cerebro humano realiza dos operaciones básicas para huir del data-chaos. Por una parte compartimentaliza la información recibida, y por otra la temporaliza.

La compartimentalización de la información exige, asímismo, la selección de una parte, pequeña o grande, de la apabullante colección de datos de los que es fecunda la naturaleza. Ya no se aceptará toda la información que llega a través de los sentidos: muchos datos irán, directamente, a una virtual “papelera de reciclaje” cerebral, de la cual nunca saldrán. Otros, los seleccionados, deberán clasificarse, ordenarse y compartimentalizarse. De este modo se crearán en el cerebro casillas perfectamente señalizadas y ubicadas en un “mapa del saber”, donde se irán acumulando esos datos seleccionados previamente.

Hay quien dice que el tiempo no existe. Pero es absolutamente necesario en términos humanos. Porque sin tiempo no se puede proceder a un segundo proceso de aprehensión: la conexión, concatenación y distribución de los datos compartimentalizados. No hay asociación entre dos conceptos si no existe una línea temporal que los una. No hay posibilidad de manejar el contenido “bruto” de nuestro “mapa del saber” sin un reloj, real o figurado, que de sentido a las relaciones que se generen entre nuestros datos.

Fuera de los compartimentos, fuera del tiempo humano, quedan cantidades ingentes de información que no son ni transformadas ni utilizadas por la mente humana. Existen, pero no las aprehendemos. Probablemente existan dos razones por las que esa información se queda fuera: primera porque no es necesaria para la supervivencia de la especie humana; y segunda porque no poseemos instrumentos sensitivos capaces de aprehenderla. De modo que no sería exagerado asegurar que todos los seres humanos manejamos exactamente la misma información procedente de la naturaleza, independientemente de la época histórica, sociedad o cultura. El contenido no depende de la experiencia humana, sino de las capacidades otorgadas por la biología.

Ahora bien, la compartimentalización de los datos, el “mapa del saber”, es un proceso absolutamente cultural. No existen clasificaciones naturalmente válidas y correctas de ese saber “parcial” que manejan los seres humanos. No hay casillas correctas e incorrectas. Y, a diferencia del contenido “bruto” de información, la clasificación de los datos sí va a depender de la época histórica, del tipo de sociedad, de la cultura que se maneja… No tiene nada que ver la clasificación del saber que se hace en la cultura aborigen europea moderna, heredera del racionalismo, que la que, desde hace miles de años, manejan los aborígenes australianos. Mientras la primera selecciona y clasifica un solo tipo de información (datos empíricos y científicamente demostrables, esto es, transformables en números y fórmulas matemáticas), los australianos son capaces de manejar en una misma casilla de su “mapa del saber” conceptos concretos y empíricos concretos, a la vez que nociones espirituales. Por ejemplo, las “songlines” son complejísimas creaciones orales, cantadas, que mezclan contenidos geográficos (montañas, fuentes de agua, terrenos peligrosos…) con menciones de los espíritus que allí habitan, así como pinceladas de chascarrillos, lugares comunes e, incluso, astronomía y astrología. Cada songline discurre a través de una línea geográfica que une un punto de Australia con otro, a veces muy lejos entre sí;  a veces atraviesan regiones donde se hablan diferentes lenguas, hecho que se refleja en la letra de la canción. Si un aborigen decide realizar un walkabout (caminata en solitario a través del desierto que puede durar meses), podrá hacer uso de una “songline” para orientarse por el terreno, encontrar alimento y, además, rastrear las huellas de sus antepasados y de los espíritus. Para un aborigen europeo esto es imposible: no podemos comprender cómo se puede utilizar una canción para esos menesteres; cómo puede ser que cantada en el momento justo y en el orden exacto, un aborigen sea capaz de encontrar un pozo de agua allá donde solo se observan piedras.

Dentro de una misma cultura se pueden dar diferencias, no ya en el modo de compartimentalizar los datos (el “mapa del saber” es el mismo para todas las personas), sino en qué datos se incluyen en cada compartimento. Es el momento del Discurso, del paradigma. Habrá datos que serán enviados a las casillas de “tabú”, “prohibido”, “locura” y otros a las casillas de “permitido”. Como se trata de un saber inestable y variable, la información podrá pasar de unas casillas a otras según las necesidades o situación de la sociedad. La historia de las ideas dará a conocer estas transformaciones.

Finalmente podrán darse diferencias de asociación entre ellas. Un conjunto de datos, clasificado según los mismos criterios y contenido en compartimentos similares puede generar diferentes aprehensiones de ideas según como estas se asocien. Existe una dificultad de comunicación, más allá de la incomprensión que se da entre diferentes lenguas, cuando aparecen una incompatibilidad epistémica (aborigen europeo-aborigen australiano) o paradigmática. Aunque hablen un mismo idioma, un aborigen australiano difícilmente será capaz de transmitir de manera eficaz a un aborigen europeo su conocimiento sobre las “songlines”. Aunque a menor nivel, una incomprensión similar se producirá entre un químico y un físico cuando discutan sobre el concepto “molécula”, pues ambos se mueven en disciplinas paradigmáticas diferentes.

Pero en lo postepistémico, esto es, en el diferendo de asociación, no hay incomprensión. Por ejemplo, dos políticos de diferente signo político están condenados comprender, aunque no compartir, lo que expresa el adversario. Entre ellos no existen ni barreras epistemológicas o paradigmáticas. Tan solo intolerancia hacia la opinión del otro. Y, como en política, esta intolerancia, disfrazada de incomprensión, es fuente de la mayor parte de polémicas, discusiones y malestar social.

¡Cuán mejor nos iría si aceptáramos con humildad la limitación de nuestro saber, la dependencia que sufrimos frente a un “mapa del saber” ficticio, no verdadero, impuesto desde el Poder; así como la limitada validez del discurso del que tenemos enfrente de nosotros!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s