El “Guernica”, ¿mejor lejos de Gernika?

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Podría haberse llamado “Badajoz”, por la terrible carnicería que allí perpetraron las fuerzas sublevadas en los primeros minutos de la Guerra Civil Española. Se podría haber titulado “Madrid”, pues fue sobre la capital de España donde se lanzó, probablemente, el primer bombardeo a posiciones civiles de la Historia. O “Durango”, ciudad cercana a Gernika que sufrió un bombardeo similar un mes antes. Pero Picasso decidió firmar su lienzo bajo el nombre “Guernica” , en honor y en recuerdo de las víctimas inocentes que perecieron bajo las llamas de un ataque aéreo absurdo, cobarde y estratégicamente inútil.

El “Guernica” de Picasso no narra el bombardeo de esta villa vizcaina; no es una representación histórica y localista de un suceso acaecido hace ya más de 80 años. Muy al contrario, representa un horror universal. El de las guerras modernas. El de las máquinas de matar en masa, puestas a prueba durante la I Guerra Mundial y perfecionadas posteriormente para superar con creces los macabros resultados de esta contienda. 

Frente a la universalidad de Picasso, la ideología nacionalista ampara y justifica el acaparamiento comunitarista de ciertos valores, hechos históricos u obras humanas pasadas. La comunidad se hace pasar por legítima heredera de esos valores, hechos u obras. Exige su usufructo exclusivo.

Sin embargo, en verdad, a pesar del martillo ideológico dominante, todos los valores, hechos históricos y obras humanas pasadas son propiedad de todos y cada uno de los seres humanos. Porque fueron seres humanos los que amaron y odiaron, salvaron vidas y asesinaron; crearon excelsas obras de arte y quemaron libros prohibidos. Todos somos legítimos herederos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, del genocidio armenio, de la llegada del primer hombre a la Luna, de la Conquista de América, del “Guernica” de Picasso o de la “Aktion wider den undeutschen Geist”. Todo somos descendientes de los genios y los malvados, las víctimas y los verdugos. En nuestras venas corre sangre de conquistadores y conquistados, necios y sabios, monstruos y ángeles.

El “Guernica” no debe patrimonializarse como el símbolo del dolor de un pueblo, pues su significado va más allá de Gernika, del País Vasco, de España o Europa. Mientras el lienzo permanezca en un museo ajeno a ese sentimiento apropiador, el espíritu universalista que envuelve la genial obra del pintor malagueño no decaerá. Si, por el contrario, se cede a la presión política y es trasladado a alguna pinacoteca cercana a Gernika, probablemente el significado ecuménico que Picasso quiso alguna vez otorgarle, será recontextualizado y reinterpretado, para convertirse así en un mito nacional, exclusivista y discriminante: la punta de lanza de un nuevo victimismo patriótico.

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