Sobre la superioridad moral

En los debates que pueblan las tertulias de amigos, familiares y compañeros de trabajo suele aparecer el principio de autoridad de la superioridad moral con el que alguna de las partes en litigio intenta, si no zanjar cuestiones espinosas, sí añadir crédito y argumento a su opción dialéctica.

La superioridad moral podría definirse como el valor superior de un razonamiento, en base a que se encuentra fundamentado en unos principios éticos y morales de mayor calidad que los del adversario. Así, existe en la sociedad cierto discurso acerca de la superioridad moral de la izquierda, sobre la derecha; la de los animalistas sobre los toreros o cazadores; la de los nacionalismos regionalistas sobre los centralistas… Incluso, a veces, esa supuesta superioridad se aplica a conceptos que atesoran muy poco o ningún contenido ético-moral. Por ejemplo, la que, presumiblemente, se dispensó desde la propaganda secesionista a los bomberos catalanes frente a la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado durante la consulta ilegal del 1 octubre de 2017.

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Policías nacionales enfrente de una cadena de bomberos. Uno de octubre de 2017. Fuente: buzzfeed

La superioridad moral parte del prejuicio: a un interlocutor se le otorga un grado de superioridad moral, no en función de lo que dice o hace, sino según una serie de atributos identitarios previamente diseñados, categorizados y clasificados en rangos de supuesta decencia pública. Antiguamente, en Europa, el blanco era moralmente superior al no blanco, el cristiano al judío, o el hombre a la mujer. Para esta gradación no era necesario conocer a la persona en particular, su currículum en la vida, sus errores y sus hazañas, su pensamiento, su ideario, su discurso… sino que bastaba catalogar a esta en un grupo, asignarle una identidad, y calcular a partir de un complejo e intrincado juego de valores, su moralidad preliminar. Las opiniones, creencias y conocimientos no poseían el mismo valor ético o moral en unas personas u otras: la adición del factor identitario era un paso previo necesario para tasarlo.

Pervive aún hoy en día ese sistema de clasificación apriorístico de la moral. Antes los criterios morales preliminares se cuantificaban en función de sexo, raza, religión y posición social. Hoy en día, según ideología política, social y cultural. Tal vez no se hayan ampliado en demasía los criterios de superioridad moral porque, si estos fueran muy abundantes, la superioridad moral dejaría realmente de pertenecer a una minoría. Una amplia gama de criterios de superioridad moral acabaría indefectiblemente en una “igualdad moral” con la que no se obtendría ninguna ventaja en una confrontación dialéctica. No se ha ampliado el ámbito de la superioridad moral; simplemente se ha desplazado. Pero lo que sí se han difuminado son las definiciones de los atributos identitarios. Antaño eran meridianamente claros y permanentes: el sexo y la raza, por ejemplo, no podían cambiarse: la superioridad moral de la que estos atributos impregnaban permanecía inalterable durante toda la vida de la persona. Sin embargo, hoy en día, el fenómeno identitario sobre el que se apoya la superioridad moral es menos claro: hoy puedo ser de derechas, y mañana de izquierdas. ¿Qué es ser feminista? ¿A qué definición he de atenerme para calcular la calidad de mi moral? Si sigo la dieta paleovegana, ¿podré imponerme moralmente a un ovovegetariano?

Tal vez la verdadera superioridad moral se sitúa en la ausencia de la misma, esto es, en la capacidad de escuchar, juzgar y rebatir las ideas contrarias sin la necesidad de apoyarse en criterios apriorísticos de moral y ética. Aceptar la opinión del adversario limpia de prejuicios. Y a partir de esa primera recepción desprejuiciada, construir un argumentario que consolide nuestras posturas y debilite las del contrario. Tarea harto complicada, pues, por lo menos en Europa, desde la estructura de pensamiento que nos hemos ido forjando, basada en el racionalismo y el principio de no contradicción, tenderemos inevitablemente a marginar y expulsar del espacio de lo sano toda aquella idea que se sitúe fuera de nuestra área de consenso.

 

2 comentarios en “Sobre la superioridad moral

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