Respuesta a la pregunta: ¿es más digno pactar con Bildu que con Vox?

Hay una sentencia del maestro Aranguren que siempre recuerdo cuando se comparan los extremismos de derechas e izquierdas: “Es menester declarar que el totalitarismo comunista es menos malo que el fascista. No porque uno sea más o menos dictatorial que el otro, pues, por principio, ambos han de serlo absolutamente; sino porque, en el comunismo, la dictadura está puesta –al menos teóricamente- al servicio de la igualdad y de un humanismo racionalista, todo lo deficiente que se quiera (…) en tanto que el totalitarismo fascista se funda en la desigualdad –en el mito de la raza superior y las razas inferiores- y, por lo tanto, no en el racionalismo, sino en el biologismo”.

Con Bildu y Vox tal vez se pueda entrar en una comparación ideológica sobre si es más moral la izquierda de Bildu que la derecha de Vox. Pero, más allá de esas diferencias, unos y otros comparten un mismo objetivo: poner la política al servicio no de la persona, sino de una idea: la patria. Idea esta, sino falsa, por lo menos discutible, del mismo modo que es discutible la existencia de un dios, o del alma.

Bildu fracciona, clasifica y ordena a las personas en función de unos criterios patrióticos, que pueden ser dispares y variados: afiliación política, lengua, lugar de origen o de domicilio, cultura, Rh… Y así les otorgan un valor de ciudadanía. Yo, por ejemplo, para Bildu, soy un poco-vasco, o incluso un no-vasco. A fin y al cabo, como mi voluntad no es vasca, o no entra dentro de sus parámetros de vasquidad, me convierto en un enemigo de la voluntad del pueblo vasco.

Hace unos años aquellos que se atrevían a demostrar su voluntad no-vasca o poco-vasca se convertían en homini sacri: los acribillaban a tiros o, cuando menos, lo insultaban, amenazaban y trataban de excluir de la sociedad. Hoy en día, afortunadamente, la violencia física ha desaparecido, bien por convencimiento de que no es el camino, bien porque la capacidad de producir violencia ha sido aniquilada. Resta esa violencia institucional que relega a una ciudadanía de segunda a todo aquel que no cumple con los criterios patrióticos, y que, en caso de que Bildu obtuviera un respaldo significativo del electorado, sin duda la pondría en práctica.

La perversión de Vox no viene de pedir la privatización de las pensiones, el fin del aborto libre y gratuito, o la centralización del estado, temas que podrían ser considerados de derechas-liberales-tradicionalistas-jacobinos. La perversión viene de tratar de diferenciar la dignidad de los seres humanos que viven en España según unos parámetros, sí diferentes, pero tan miserables como los de Bildu: sexo, religión, lugar de origen y residencia, lengua, cultura, nivel económico…

Por lo tanto, creo correcto poner a Vox y a Bildu en el mismo cesto ideológico: no es izquierda democrática contra derecha democrática; tan siquiera es totalitarismo de izquierdas contra de derechas. Porque el totalitarismo ideológico de ambos no está puesto al servicio del bien de la persona, de la Humanidad, sino que se fundamenta en la desigualdad y en el mito de que existen personas superiores e inferiores, y es deber del político el proteger y justificar las primeras contra las segundas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s