El trágico destino del centro político

Acabamos de asistir a unas elecciones donde un partido político que se posicionaba, teóricamente, en el centro liberal, ha sufrido un  varapalo tan tremendo que lo ha dejado al borde de la extinción. Digo teóricamente situado en el centro liberal porque, en sus inicios, Ciudadanos (C’s) hacía gala de una capacidad de diálogo a izquierda y derecha, de una política social progresista, de un programa económico liberal, y de un alejamiento de las tesis nacionalistas conservadoras (independiente del “apellido” que se pusiera a ese apelativo: catalán, vasco, español…). Ya antes de las elecciones generales de abril de 2019 C’s había virado a posiciones mucho más de derecha: eliminación de conversaciones con partidos de izquierda, apoyo de medidas sociales conservadoras propuestas por el PP, adopción del nacionalismo español como carta de presentación del partido… hasta el punto de que a C’s le era más asumible apoyar, o dejarse ser apoyado por un partido de extrema derecha como lo es Vox, que por un partido socialdemócrata como el PSOE. Aun así, a pesar de las cavernas propagandísticas que tratan de encasillar a los adversarios con los atributos más abyectos (nazi, fascista, batasuno, estalinista, maoista…), y que consideran a C’s como un partido de ultraderecha, es cierto que aún hoy todavía C’s conserva en su programa electoral un cierto aroma de centrismo.

No hay duda de que una de las razones del fracaso de C’s ha sido ese viraje hacia la derecha que inició tras la moción de censura de Pedro Sánchez de la primavera de 2018. La caída de Mariano Rajoy, las sentencias condenatorias por corrupción contra el mismo PP, y la toma de riendas de este partido por Pablo Casado, un político inexperto, y con el dudoso honor de ser el único graduado en derecho que se ha sacado el 70% de una carrera de 5 años en dos, abrieron el bote de la codicia de C’s. Este vio en ese PP malherido un jugoso nicho electoral. C’s se alejó del centro porque quiso aniquilar al PP. Y casi lo consiguió, pues en abril de 2018 se quedó a 9 escaños del famoso sorpasso. La estrategia de derechización de C’s había, por lo tanto, tenido éxito. Hasta entonces.

Sin embargo, posteriormente, C’s cometió el error de atarse demasiado al destino político del PP. Albert Rivera se comprometió a apoyar solamente a un gobierno en el que estuviera Pablo Casado de presidente. Y eso a pesar de que C’s tenía en sus manos la constitución de un gobierno, gobierno sólido además, con mayoría absoluta, dirigido por Pedro Sánchez. Albert Rivera se empecinó en fagocitar al partido conservador. Pero, a medida que lo comía, C’s se iba pareciendo cada vez más al PP, hasta el punto de que ya no había apenas diferencias estratégicas entre uno y otro partido.

De lo que no se dio cuenta Albert Rivera es que todo centro político, independientemente del país donde participe políticamente, sufre de una maldición inevitable, y que se puede definir en pocas palabras como la falta de base sólida de votantes. Todo partido de centro tiene que saber que aquellos que les votan pueden no hacerlo en las siguientes elecciones. El centro no puede desarrollar un contenido ideológico-identitario sólido para atraer y fidelizar. Razones de ello hay varias:

  1. Como moderados que se supone que son, no pueden utilizar el insulto, la descalificación, la fake news contra el adversario.
  2. El centrista no agita banderas, ni identidades segregadas, sean estas autonómicas o nacionales.
  3. No existen biblias centristas que, como “El capital” de Karl Marx o “El camino de la servidumbre” de Friederich Hayek, ayudan a construir un cuerpo ideológico sobre el que los adeptos puedan sentir que sus opiniones son no-contradictorias.
  4. Están obligados a hablar y pactar con todos los partidos no extremistas, lo cual provocará reacciones adversas de uno y otro lado.
  5. En el momento en el que los centristas insultan, mienten, agitan el miedo al “otro” o prefieren pactar con extremistas que con moderados, dejan de ser de centro, y es en ese momento cuando quedan en evidencia a los ojos de los ciudadanos (si no, que se lo digan a Albert Rivera).

El trágico destino del centro político en Europa es el de ser un instrumento de quita y pon; ahora sirves, ahora no. Ahora obtienes un rédito electoral que te envalentona; ahora te hundes en la pura insignificancia con 10 miserables escaños. Mientras no se acepte este destino, y los partidos políticos de centro no asuman su inevitable falta de base social, vivirán los éxitos y los fracasos como si se trataran de los tradicionales partidos fuertemente ideologizados, que basan su estabilidad casi inquebrantable en la existencia de un electorado fiel, quizás no a un partido, pero sí a unas banderas, una identidad nacional, a un credo político; un granero de votos más o menos estable que siempre estará ahí, independientemente de los malos datos económicos, las noticias de corrupción o los deslices de los líderes políticos. El centro será útil siempre que acepte su papel de intermediario, de moderador de opiniones, de relajador de crispaciones. Y siempre que asuma que habrá veces que ese papel le aupará al gobierno, del mismo modo que le podrá hundir en el olvido. El centro puede, y podrá ser el lugar desde donde se tomen medidas políticas y sociales a medio-largo plazo, sean estas populares o demonizadas por los ciudadanos, a sabiendas que la existencia de ese partido siempre estará amenazada a corto plazo. Hacer, pues, política de futuro sin pensar en el futuro de aquellos políticos que la hacen.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s