Tiranía, totalitarismo y dictadura epistémica (y III)

El dictador totalitario, al contrario del tirano antiguo y del napoleónico, busca encarnar en su figura aquellos objetos de poder que, bien se sitúan fuera de la esfera política, bien la Política no es capaz de manejar eficientemente. Y, de este modo, se crean ideologías cuya misión no es ya la de controlar la Tradición y el Mercado, sino en convertir a la Política en Tradición y Mercado. Eliminar todo intermediario en el control social; gobernar desde un único asiento los cuerpos, almas y objetos de los ciudadanos.

Pero el dictador totalitario erra en su intento monopolizador. Su búsqueda del control absoluto queda restringido a unas pequeñas zonas acotadas de estos poderes. Porque la Tradición va más allá de patrias e iglesias. En la Tradición se engloban un innumerable número de prejuicios y mores que van mucho más allá de los códigos legislativos que un totalitario o  el máximo responsable de una iglesia puedan decretar. Como parademocrática que es, la Tradición no pertenece en exclusiva a una institución de poder vertical, como lo puede ser un gobierno o la Iglesia. Sí pueden (y así lo hacen) influir decisivamente sobre ellas, pero a sabiendas de que todas las personas incluidas en la sociedad detentan una cuota de participación en ese poder. Un totalitario o un papa nunca obtendrá un control absoluto de la Tradición. Es más, probablemente, tampoco sea capaz de capitalizar una cuota tan grande que le permita manejar  la Tradición a su antojo. Lo mismo sucede con el otro poder parademocrático: el Mercado. Las regulaciones económicas que un gobierno puede llevar a cabo a golpe de ley no son capaces de controlar todos y cada uno de los intercambios de objetos. Entre otras razones, porque no todo es monetizable. Las aduanas, los impuestos y las acciones del mercado de valores representan una ínfima parte de los intercambios que, todos los días, se dan en cualquier sociedad.

El totalitario fracasará porque actúa creyendo que él encarna todos los poderes de control social, cuando en realidad solo maneja a su antojo el poder político, que es el único no parademocrático. Borracho de poder, el totalitario será incapaz de percibir todos aquellos movimientos de cuerpos, almas y objetos que se escapan a su férreo control. Si los descubre, actuará implacablemente, pero no para arrebatar a esos díscolos súbditos esa parcela de poder que hasta entonces se le escapaba de las manos. La represión totalitaria no es  castigo-confiscatoria, sino destructora. El totalitario ya ha arrebatado a la sociedad todo el poder con el que se puede investir: todo lo que queda fuera de sí mismo tiene que ser aniquilado.

Los totalitarios contemporáneos saben de las limitaciones de la Política. El control absoluto no se puede obtener a través de ella: ni al modo antiguo (a través de su monopolio y la creación de lazos de unión con la Tradición y el Mercado), ni al modo totalitario (mediante el apoderamiento de la Tradición y el Mercado a través de la Política). Es preciso, pues, acudir a lugares más profundos del control social para descubrir mecanismos tiranizadores más eficaces y menos propensos a crisis sociales y rebeliones. Hay un territorio inexplorado, no-consciente, que conforma una tupida base a partir de la cual se levanta todo el orden social: las tecnologías del poder, del deber, y del permitir. Demasiado impenetrable, demasiado alejado del día a día de la vida en sociedad, pero cuyo control permitiría un manejo dócil y adiestrado de una sociedad completa, sin que ninguno de sus miembros tuviera, ni siquiera, la percepción consciente de que se ha convertido en un títere de un caudillo.

A camino entre estas tecnologías y la Política se ubica la episteme: el marco de conocimiento sobre el cual se estructura todo el conocimiento manejado por las personas. El conocimiento que alberga, o que puede albergar dentro de ese marco es absolutamente consciente, pero no lo son tanto los límites positivos y negativos del mismo. Una sociedad, en un punto fijo del tiempo, no es capaz de discernir esos límites, simplemente, porque considera que toda su producción cognitiva es correcta, a la vez que todo lo que queda fuera de la epísteme se envía, de modo automático, al pozo de la marginalidad y la locura. Si la episteme marca qué pensamiento es correcto y cual incorrecto, y yo vivo dentro de un marco epistémico, difícilmente voy a poder juzgar supraepistemicamente, esto es, independientemente de esos límites, el valor e importancia de una cogitación.

La episteme es dinámica. Más que datos, representa el ordenamiento y la relación con los que esos datos van a estructurarse e interrelacionarse para dar lugar así a la matriz de conocimiento. No puede observarse en un punto estático de la historia del pensamiento, sino que exige realizar un análisis arqueológico, comparando diferentes formas de pensar en diferentes momentos históricos. Es entonces cuando aflora el modo de transformarse nuestras opiniones acerca de lo válido y lo inválido, lo correcto y lo erróneo, lo sano y lo enfermo.

Los tiranos y, sobre todo, los totalitarios, han tratado de influir y manipular la episteme a través de maquinarias de propaganda más o menos desarrolladas. Alteraban la episteme sin que esa modificación significara una fagocitación de la misma por parte del poder político. Así como los tiranos antiguos hacían uso de la Tradición y el Mercado, sin necesidad de apoderarse de ellos, también manejaban la episteme sin buscar una absorción monopolística de la misma.

Existe actualmente una tercera vía hacia la dictadura, y esta ya no viene a través de la Política, como sucedía con los tiranos y los totalitarios. Conocedores, o no, de que en el control social juegan un papel importante una serie de mecanismos que no pueden ser manejados con eficacia desde los gobiernos y los estados, los dictadores contemporáneos anhelan el poder absoluto desde fuera de ese ámbito de poder político. Grandes imperios económicos y tecnológicos aprovechan la potencia de cálculo de los superordenadores para, a través de las redes sociales e internet, recopilar cientos, millones de datos acerca de la vida, los deseos, las opiniones de los individuos que las utilizan. Y así, a través de complejos algoritmos, generar un espacio controlado de información que es ofrecido a estos individuos. Sus pensamientos, sus opiniones, su libertad, quedará encerrada en ese espacio de información que, aunque pueda parecer ilimitado, posee unos límites muy bien definidos que nunca llegarán a ser rebasados, primero, porque nadie tiene la conciencia de información restringida, y segundo, porque la avalancha masiva de datos-basura hace imposible un juicio crítico de los mismos.

La dictadura epistémica se trata de una tiranía light donde los gobernantes, ya no solo se adueñan de los cuerpos (como en el caso de los tiranos antiguos), o de cuerpos, alma y objetos (como en el caso de los totalitarios), sino también de ese espacio entre lo consciente e inconsciente, que está en la base de toda cogitación, y que es el marco a partir del cual generamos todos nuestros pensamientos, deseos y opiniones. No son necesarios poderosos cuerpos policiales o crueles tribunales eclesiales para ejercer el control sobre la sociedad y los individuos. Si se impusiera tal dictadura,  áctuaríamos, pensaríamos e intercambiaríamos objetos utilizando como sola referencia un marco común de conocimiento diseñado a capricho por las grandes corporaciones industriales. En el seno de la dictadura epistémica se vive en jaulas de barrotes de oro, donde el preso no solo no es consciente de su propio encierro, sino que además se rebela contra todo aquel que rebata su supuesta libertad.

Ahora bien, la dictadura epistémica, como la tiranía antigua o el totalitarismo moderno tiene sus limitaciones ejecutivas. Tal vez se apropien de la episteme, pero siempre quedarán resquicios emocionales, animales, instintivos que ni siquiera un monopolio absoluto del marco de conocimiento (lo cual dudo que algún día pueda llegarse a obtenerse) jamás alcanzará a domar. Y es a través de este resquicio, de este punto débil, que, tal vez, si algún día la dictadura epistémica llega a dominar nuestras vidas, tarde o temprano fracasará.

 

Un comentario en “Tiranía, totalitarismo y dictadura epistémica (y III)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s