Sobre las verdades fácticas

Iglesias: “Los Presupuestos no gustarán a Ciudadanos porque se nota la influencia de Podemos”

Titular aparecido en el diario digital “Público”

Vivimos en una era de lo todo-racional donde creemos que nuestros pensamientos e ideas son absolutamente verdaderos porque, previamente a su adquisición, han sido “pulidas” en el taller de la razón. Construimos un discurso de lo verdadero través de argumentos que, por lo menos, tienen una patina de no-contradicción y, por lo tanto, nos permiten asumir con garantías la veracidad de su contenido. Sin embargo, no nos paramos a pensar que, tal vez, ese edificio todo-racional de nuestras cogitaciones no sea más que un mero mito moderno, tan útil para el avance de las ciencias como desastroso a la hora de aplicar en el día a día sociopolítico de una sociedad democrática. Porque, mientras el científico elabora conocimientos para su disciplina a través de mecanismos de confirmación-refutación y revolución científica-cambio de paradigma, el político y el ciudadano de la calle se consideran detentores de la verdad mediante la anulación de aquellos datos que contradicen su tesis. Solo hace falta a un ejército de historiadores que coman de la mano del que manda para que los datos “permitidos” se relacionen entre sí de manera inteligible a través de un relato adoctrinador que ningunea o, directamente, anula, los datos contradictorios. El político vicia la razón mediante la aplicación de técnicas absolutamente irracionales, como lo es ese principio de autoridad contra el cual se levantaron los científicos y filósofos modernos. Y es que el político es el que decide quién tiene la autoridad en un tema concreto: él mismo, los periodistas que le adulan y los historiadores que sestean con el estómago lleno en la confortable silla de su cátedra universitaria.

A través del uso torticero del método racional se crean “kits” de verdades fácticas que son asimiladas por los seguidores de unas y otras ideologías políticas. El kit es un “mix” donde se mezclan verdades racionales, verdades doctrinales y, por qué no, mentiras absolutas. Quien se convierte en adepto de un movimiento político “traga” intelectualmente este kit, de modo que aceptará todo aquello que contiene, sea verdad o mentira, sea discutible o indiscutible. El kit no permite la crítica; se acepta o se rechaza todo su contenido. El rechazo del mismo convierte al crítico en un enemigo.

Cuando se enfrentan dos facciones políticas en singular combate dialéctico, entonces aparece un auténtico diálogo de sordos. El adepto de una facción pondrá en realce todas aquellas verdades racionales y no contradictorias que posea su kit, mientras que afeará al contrario todas las mentiras del otro. Y viceversa. De esta manera, la conversación, nada fructífera, se transforma en dos monólogos desconectados el uno del otro: es más importante defender las debilidades propias que aceptar las fortalezas ajenas. Es más valioso replegar y atrincherarse detrás de frases precocinadas, tweets o eslóganes que lanzarse en un verdadero diálogo crítico y enriquecedor, donde se intercambie conocimiento. No sea que nos convenzan y nos pasemos al bando del “enemigo”.

Aunque no es un hecho diferencial español, aquí abusamos en exceso de ese pensamiento “contra” el otro, que destruye toda posibilidad de construir algo “con” el otro. Ese pensamiento “contra” el otro nos carga de kits de verdades fácticas que debemos de aprender a utilizar y proteger. El problema de estar obligado a aceptar kits de verdades fácticas para pertenecer a un grupo es esa pérdida de capacidad crítica: por una parte, uno tiene que tragar con los sapos de las mentiras de su grupo, y por otra no puede abrazar y aceptar las verdades de los otros (simplemente porque nosotros pensamos “contra” ellos, y nunca “con” ellos).

Mejor nos vendría a TODOS cambiar ese modo de pensamiento “contra” el otro, y empezar a construir “con” el otro. Por ejemplo, lo de aprobar unos presupuestos “contra” la derecha, como anuncia a bombo y platillo Podemos, es un mal camino: si lo único bueno que van a tener los PGE es que no les va a gustar a C’s (que sí están tratando de construir “con”), PP y Vox (que aún se manejan en pensamientos “contra”), nos dirigimos hacia el más absoluto de los enfrentamientos ideológicos, del cual no se obtendrá más que miseria, mala leche y desencanto.

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