Los orígenes del negacionismo

Reflexión leída en facebook (05/09/2020)

En mi opinión, el “tweet” de Jorge Mo contiene una reflexión incorrecta. El autor ha pergeñado una simplificación de un fenómeno complejo, poliédrico, como lo son todos los asuntos humanos. Es más, Jorge Mo aprovecha el fenómeno del negacionismo para justificar a una ideología política concreta (izquierdas), en contra de otra (derechas).

Es cierto que una parte del negacionismo proviene de movimientos elitistas que tratan de favorecer ese darwinismo social del que se habla aquí. No solo los neoliberales, sino también los objetivistas y anarcocapitalistas promoverían una sociedad de superhéroes, en la que no habría lugar para el error humano o, en este caso, para la debilidad o la enfermedad. El corolario final de todos estos movimientos ultrarracionalistas sería la consecución de una sociedad donde los mejores (p.e: ese 1% que detenta la mayor parte del capital mundial) se impondrían “naturalmente” sobre los más débiles. Se apoyan en la ética natural del libertariano Murray N. Rothbard, o la filosofía individualista de Ayn Rand, las cuales tanto daño han hecho al republicanismo norteamericano contemporáneo.

Pero también no hay que olvidar que hay un negacionismo que procede de un extremo opuesto al ultracapitalismo. Hay muchos radicales de izquierda que consideran las vacunas como un instrumento de control social de las grandes corporaciones industriales, y la epidemia del Covid19 como una invención del capital para introducir en la sociedad nuevos mecanismos de sometimiento. Estos movimientos están alimentados por doctrinas alternativas, como la homeoterapia, las ideologías orientalistas, que poco o nada tienen que ver con los lobos de Wall Street o los rednecks de “Don’t thread on me”. Por ejemplo, aquí, en el País Vasco, en pequeños pueblos donde Bildu (que muy neoliberal no es) domina hegemónicamente tanto los votos como las mentes de los ciudadanos, se observa con estupor cómo están creciendo los grupos antivacunas y “pro-naturaleza”, que acusan a los mismos médic@s y enfermer@s de (sic) “terrorismo médico”.

Por último, y no por ello menos importante, cabe citar la pésima interpretación del positivismo que se ha transmitido desde algunos altavoces mediáticos, sobre todo facebook (que es el único que conozco, junto con whatssap). Se ha querido convencer a la población que la ciencia es la única tradición capaz de obtener respuestas certeras para todas las preguntas que se hace la Humanidad. Desde esta posición de soberbia, se han denigrado otras tradiciones, tan dignas como el racionalismo científico. Los resultados de estas otras (algunos muy útiles para la sociedad) han sido marginados, o incluso expulsados al infierno de la locura. Pero la ciencia no puede dar respuesta a todo, ni siquiera a preguntas parciales, como puede ser el Covid19, porque la misión de la ciencia no es la verdad, sino la validez. El cientifismo es el enemigo interior de la ciencia, y daña más la imagen de esta última que todos los negacionistas neoliberales y neonaturales juntos.

Probablemente haya más causas de negacionismo que las tres que cito, pero estas tres están altamente interconectadas: por ejemplo, los lobos de Wall Street utilizan los algoritmos de sus redes sociales para vender falso “neonaturalismo”. Los neonaturalistas aprovechan los fracasos de la ciencia para reivindicarse. Y los cientifistas, con Richard Dawkins al timón, se apoyan en las grandes empresas tecnológicas en su objetivo de monopolizar la verdad, y toda la verdad.

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