Hacia una verdad quiral (y XIV): La verdad quiral

En este blog hemos ido construyendo una nueva sistemática de aprehensión de la realidad. Para ello, hemos diseñado una máquina de aprehensión, que se podría definir como la estructura mínima capaz de aprehender la información que le llega desde el exterior. Esa máquina, per se, no tendría ninguna operatividad por sí misma, ya que precisaría trabajar junto con otros sistemas, otras máquinas que compararan, agregaran, mezclaran la información aprehendida. La unidad básica de aprehensión se ha definido como “ idea”. La idea no es ni puede ser Verdad, sino tan solo una imagen útil de la misma. Y esa utilidad se demuestra, sobre todo, en su validez a la hora de adecuar y acomodar al ente poseedor de esa máquina de aprehensión. Por lo tanto, según este esquema, no seríamos capaces de captar la Verdad Absoluta, pura, externa, independiente; inalterable a nuestros deseos y necesidades. Solo podríamos vislumbrar una imagen de la misma, más o menos fiel al original, que nos sería útil tanto en la supervivencia, como en la relación para con los otros.

La idea es posible porque la máquina de aprehensión puede transformar una porción de esa Verdad-en-sí que es la Verdad Absoluta es una Verdad-en-otros que es la Realidad. Porque si la Verdad es el acúmulo absoluto, desordenado, caótico y, a fin de cuentas, agregado en una sola unidad (1+1=1), la Realidad sería esa la región de esa misma Verdad desordenada, pero que afecta, actúa y condiciona la vida de una entidad. Esa acción de internalización de una porción de Verdad se realiza a través del lenguaje. No en vano desde los primeros capítulos hemos insistido en que la máquina de aprehensión es un mero chicle de Verdad y lenguaje. El lenguaje va más allá del idioma humano. Se ha definido como todo aquel instrumento que permite percibir y diferenciar dos objetos entre sí. Los sentidos son lenguaje (primarios, pues operan en el individuo de manera independiente a la socialización), las palabras son lenguaje; las expresiones faciales, los gestos son lenguaje; el arte, la gastronomía, la moda, la ciencia… son lenguaje. Todos esos tipos de lenguaje, desde los más primitivos a los más complejos, de los más individuales a los más colectivos son expresiones, derivaciones, pulsiones… de un único lenguaje universal, el lenguaje kernel.

Verdad Absoluta y lenguaje kernel son los ingredientes primarios de la aprehensión. Los dos son universales, externos, inmodificables. Pero la relación entre Verdad y lenguaje kernel no es armónica. Las imágenes de Verdad que se forman a partir del lenguaje kernel no corresponden con el objeto original. El lenguaje kernel distorsiona la Verdad, de modo que no es, por sí mismo, un instrumento útil para la aprehensión de la Verdad: sus ideas, sus imágenes no serían útiles, no permitirían la supervivencia de una máquina-ser vivo que solo utilizara ese lenguaje como la base de su aprehensión. El lenguaje kernel, que es lenguaje-en-sí, precisa de ser transformado por la máquina de aprehensión, convertirse en un lenguaje-en-otros para que las ideas, fruto de ese nuevo lenguaje, permitan la supervivencia y la acomodación en la Realidad.

La idea aprehendida por la máquina de aprehensión es el fruto de la integración de tres imágenes de Verdad. La primera es la imagen de Verdad universal; esa imagen que, aunque imperfecta y no apta para la supervivencia, es obtenida a través del lenguaje kernel. Nuestra aprehensión de las ideas no podría así desligarse de la naturaleza primaria errónea del lenguaje kernel. Es su “pecado original”: según esta teoría, todo lo que nosotros creáramos estaría “manchado” desde su concepción por el lenguaje kernel sobre el que se construye. No podemos alcanzar la Verdad Absoluta porque, además de ser externa a nosotros y agregativa (1+1=1), cualquier instrumento que fabriquemos para su exploración está sesgado desde su origen.

La segunda imagen de Verdad sobre la que se genera la idea es la interna: al contrario de la universal, la imagen de Verdad interna es única, personal e intransferible. Faculta la supervivencia de la máquina de aprehensión. Altera la idea según necesidades operativas de la máquina. La tercera imagen de Verdad es la externa, la social, la que permite que mi idea sea más o menos compatible con la idea de los que me rodean.

Por lo tanto, una sola idea, tres imágenes: universal, interna y externa. Desde este sistema de aprehensión se pierde la posibilidad de acceder a la Verdad, única, universal, eterna, inmodificable, externa. La idea es y será una imagen imperfecta de la misma; lo que sabemos y aprehendemos siempre atesorará una sospecha de falsedad, una incertidumbre inviolable. Un sistema de aprehensión inestable, todo-relativo, en el que toda idea que podamos obtener a través de nuestros sentidos y la experiencia se supone como errónea o, por lo menos, sospechosa de serlo.

Es cierto que, desde este sistema, nos manejaríamos en términos de validez y no de verdad. Una idea puede ser válida, útil, para cierto individuo, en ciertas circunstancias, y en cierto momento. Esa misma idea podría quedar invalidada para otro individuo cuyas circunstancias de vida sean muy diferentes a la del primero. Pero también cabe pensar que todo sistema tiende a un equilibrio, a un estado en el que se obtenga una idea válida para todos los individuos, para todas las circunstancias, en todo momento. Esa idea no tiene porqué ser verdadera; incluso situarse en una órbita muy alejada de la Verdad. Pero esa idea tendría valor universal de verdad para todos los individuos que la aprehendan.

Siendo parte de ese chicle de Verdad y lenguaje que es la máquina de aprehensión, esa idea-en-equilibrio precisa también de un lenguaje-en-equilibrio como ingrediente básico. Ese lenguaje-en-equilibrio debe ser universal, utilizado por todos los individuos implicados. Pero también rico, amplio, que ilumine amplias regiones de la Verdad: que convierta a la mayor parte posible de la Verdad-en-si en Verdad-en-otros, esto es, en Realidad. Y que esa Realidad sea la misma para todos. Es lo que hemos definido como lenguaje extendido y democratizado.

El lenguaje extendido transforma vastas regiones de la Verdad en Realidad. Al estar democratizado, esto es, que todos los individuos lo conocen y hacen uso de ese lenguaje, éstos aprehenderán una misma Realidad. Aprehenderán ideas casi idénticas: solo diferirán en esos aspectos intrínsecos, individuales e intransferibles, inherentes a toda idea.

Una idea así constituida, en base a un lenguaje extendido y democratizado obtendrá unos criterios de estabilidad suficientes como para considerarla como verdadera. Pero, independientemente de la extensión y democratización de ese lenguaje; independientemente del número de individuos o máquinas de aprehensión que manejan ese lenguaje; independientemente de la universalización de la idea, siempre habrá que aceptar que es una verdad-no verdad, situada en un área alrededor de la Verdad Absoluta, la cual que nunca llegaremos a conocer. Deberemos aceptar la incertidumbre.

Esa es la verdad quiral: la verdad-no verdad, la idea universalmente válida fruto de un lenguaje extendido y democratizado, la verdad que tal vez no hayamos aún alcanzado pero que, desde las capacidades y las limitaciones de nuestro intelecto, sea lo más cercano a lo que podemos aspirar en términos de verdad no contradictoria. Una verdad “cuántica”, en cuanto a que no es verdadera (solamente útil), pero no es relativa (porque es aceptada universalmente). Una verdad en la incertidumbre y en el equilibrio, que es el objetivo que mueve y al que aspiran nuestras máquinas de aprehensión, nuestros cerebros, nuestros intelectos.

Hacia una verdad quiral (XIII): Unificación de planos Y

A partir de lo publicado en artículos anteriores, podríamos definir  la verdad quiral como aquella idea cuyo sumatorio de momentos de taut es válido para todas y cada una de las máquinas de aprehensión que conforman una sociedad. La verdad quiral no es verdadera, sino una imagen de esa verdad a la que hace referencia. Imagen que puede estar muy lejos de su verdad, incluso ser contraria a ella. La característica principal de la verdad quiral no es su semejanza con la verdad, sino su validez universal.

Se han establecido dos supuestos que son necesarios para la generación de una verdad quiral: el primero, la democratización de un lenguaje extendido. Y el segundo, la unificación de planos Y. Ambos procesos están interrelacionados, de modo que para que se pueda producir esa unificación de planos Y, es necesaria la previa (o simultánea) democratización del lenguaje extendido. El plano Y ofrece validez externa a la idea generada en la máquina de aprehensión. Una validez externa que va a variar con la posición en la que se sitúa la máquina de aprehensión con respecto a otras máquinas. Por lo tanto, aunque una máquina de aprehensión posea un sólo plano Y, éste se va a comportar como multiplano, en virtud de cómo incida en haz de lenguaje sobre él en cada momento de su relación con otras máquinas de aprehensión. De ahí los subplanos Y dentro del plano Y.

Del mismo modo, y siguiendo esta lógica, aunque el plano Y tenga tendencia a uniformizarse e igualarse cronológica y metacrónicamente dentro de una sociedad, en verdad cada máquina de aprehensión va a poseer un plano Y diferenciado con respecto a las máquinas de aprehensión vecinas. Posiblemente a partir una hipotética lectura de todos los planos Y de una sociedad se podría extraer una tendencia, una moda, un plano Y prototípico que serviría de base para entender los planos Y de todas las máquinas que conforman esa sociedad. Algo que, a priori, no por definición, no podría determinarse si se analiza un conjunto de planos Z, que son mucho más íntimos, mucho más intransferibles.

Existe un multiverso de planos Y que, a la vez, son multiplanares, pero que ofrecen esa validez externa necesaria para la intercomunicación de ideas entre diferentes máquinas gracias a esa tendencia intrínseca del plano Y a homogeneizarse. Mientras la naturaleza heterogénea de los planos Y favorecen la licuefación de la idea, la tendencia homogeneizante procuraría cierta estabilidad, cierta viscosidad. El resultado de esta lucha entre heterogeneicidad y homogeneicidad va a depender de la única estructura íntima de la máquina de aprehensión con capacidad de modificación: el haz de lenguaje. El haz de lenguaje, cuanto más primitivo sea (esto es, que el lenguaje primario prime sobre el secundario), el plano Y se abrirá a más interpretaciones y, por ende, será más heterogéneo. Por contra, cuanto más elaborado esté el haz de lenguaje, más homogénea, más viscosa, será la idea que se genere a partir de él.

En el caso de cuatro máquinas socializadas, con lenguajes poco democratizados y extendidos, las ideas generadas en cada una de las tres máquinas distarían de ser homogéneas:

  • I1= Tx(12)+Ty(6)+Tz(3)= 21
  • I2= Tx(12)+Ty(5)+Tz(1)= 18
  • I3= Tx(12)+Ty(4)+Tz(5)= 21
  • I4= Tx(12)+Ty(3)+Tz(1)= 16

En la pléyade de múltiples planos Y multiplanares se pueden encontrar áreas en las cuales diferentes planos Y de diferentes máquinas de aprehensión convergen, de modo que las imaVs del plano Y contenidas en esa área son iguales para todos ellos. Esas áreas, más o menos extensas se denominarán áreas de consenso. En el siguiente gráfico, los planos Y se representarán curvos, y la curvatura será dependiente de la viscosidad. El área de consenso es aquella región donde los planos Y se juntan y establecen un vínculo de similitud:

consenso

En caso de que las máquinas de aprehensión de una sociedad manejaran un lenguaje extendido y democratizado, las interacciones entre las diferentes máquinas de aprehensión serían más homogéneas. Esto provocaría tres eventos: primero, se reducirían el número de subplanos Y dentro del plano Y de una máquina de aprehensión, lo cual va a generar ideas más viscosas;  segundo, los planos Y de las diferentes máquinas de aprehensión se van a homogeneizar, por lo que; tercero, aparecerán áreas de consenso más amplias. En el ejemplo anterior, si las cuatro máquinas manejaran un lenguaje más democratizado y extendido:

  • I1= Tx(12)+Ty(8)+Tz(2)= 22
  • I2= Tx(12)+Ty(8)+Tz(1)= 21
  • I3= Tx(12)+Ty(8)+Tz(3)= 23
  • I4= Tx(10)+Ty(8)+Tz(1)= 19

Las ideas son el producto del sumatorio de tres imágenes de Verdad: la universal (X), la externa (Y) y la íntima (Z). Las ideas cuyas imaVs del plano Y se encuentren en el área de consenso, poseerán dos momentos de taut (Ix e Iy) iguales a las de las otras máquinas de aprehensión con las que se socializan. Por lo tanto, el sumatorio de momentos de taut de estas ideas sólo variara según el valor el momento de taut del plano Z, que es íntimo y personal y, por lo tanto intransferible, pero cuya estructura se verá alterada por ese lenguaje democratizado y extendido y, probablemente, también sufra cierta homogeneización. La verdad quiral es esa idea cuyo origen en el plano Y se encuentra en ese área de consenso.

El límite superior de este sistema estará en un lenguaje tan extendido y tan democratizado que el área de consenso abarque a todo el plano Y. Probablemente las relaciones en el seno del plano Y generen cuerdas gruesas y tensas.  En esa situación, el plano Z, con cuerdas más inestables, producirá momentos de taut muy débiles que quedarán velados por los momentos de los planos XY. Así, en el ejemplo de las cuatro máquinas de aprehensión:

  • I1= Tx(12)+Ty(11)+Tz(2)= 25
  • I2= Tx(12)+Ty(11)+Tz(1)= 24
  • I3= Tx(12)+Ty(11)+Tz(2)= 25
  • I4= Tx(10)+Ty(11)+Tz(1)= 24

A las ideas generadas en estas situaciones son verdades quirales. Una verdad por consenso que, en realidad, no tiene nada de verdad. Tan solo validez. Validez que no será  tan estable e inmodificable como la Verdad Absoluta. El lenguaje, aunque sea extendido y democratizado, evolucionará a lo largo y ancho de la sociedad de máquinas de aprehensión. Estos cambios, que incidirán en los planos YZ, alterarán la estructura de la verdad quiral: lo que es válido hoy no tiene por qué serlo mañana.

Del relativismo a la incertidumbre: los roles de la ciencia y la razón

Como ya se ha comentado previamente, pensar en la incertidumbre exige modificar ciertos estándares, ciertos paradigmas, que hoy en día se encuentran rígidamente establecidos en lo más profundo de nuestra psique. Junto al principio de no contradicción, que establece que “lo que es no puede no ser a la vez que es”, se levanta una verdad sólida; rígida, exterior e independiente al ser humano. Ésta verdad sólida ha sido la piedra fundamental sobre la que se ha construido el pensamiento europeo, desde Aristóteles (o incluso antes) hasta nuestros días. La verdad líquida de Zygmunt Bauman tan solo sería la constatación de la frustración por no poder alcanzar ese estado físico de la verdad por medios “humanos”, esto es, mediante la razón.

Pensar en la incertidumbre aleja, en parte, esa necesidad, ese anhelo de encontrar la verdad sólida, la verdad no contradictoria que durante la época premoderna se creía encontrar en los textos sagrados dictados por los dioses, y durante la modernidad se aspiró a alcanzar con las armas de la lógica, el empirismo y el método científico. La verdad en la incertidumbre tiene algo de cuántico, que aquí ya hemos denominado quiral: la verdad en la incertidumbre no es imagen superponible de la Verdad, tal como proponía la verdad sólida, sino que se trata de una verdad-no verdad, entre la Verdad y lo Falso. Su espacio de existencia se situaría en un área de consenso, dentro de la cual se aceptaría como verdadero un enunciado que no es completamente verdadero; esto es, falso según el principio de no contradicción. Esta área de consenso va a variar según la naturaleza del enunciado: será estrecha, cercana a la verdad sólida, cuando se traten de elementos lógico-matemáticos o científicos experimentales. Pero cuanto más abstracto y menos defendible desde la teoría lógica y matemática, o menos comprobable empírica y experimentalmente, más amplia será el área de consenso, pudiendo incluso acercarse a la verdad líquida postmoderna.

Por lo tanto, cuando se piensa en la incertidumbre, la razón va a tomar una serie de roles diferenciados, según cuáles sea el enunciado discutido y su área de consenso. A medida que se estreche el área de consenso, y más plausible sea obtener una verdad sólida, la razón tomará una posición dominante, monopolística, sobre otros modos de pensamiento. Pero, cuando el área de consenso se amplíe, la razón no sólo irá perdiendo influencia, sino que se deberá permitir la existencia de otros modos de pensar, más arracionales o irracionales. Cuando la razón genera modelos teóricos o experimentales poco convincentes, discutibles o, incluso, fallidos, no puede exigir una posición dominante sobre otros modos de pensar que generen modelos tan poco convincentes, tan discutibles y tan fallidos como los suyos.

Un claro ejemplo está en las ciencias económicas: por mucho que haya avanzado esta ciencia humana, y su estructura teórica se acerque al arquetipo de ciencia experimental de la naturaleza, sus observaciones y fórmulas matemáticas pocas veces van a predecir con exactitud el comportamiento económico de una estructura social. El economista no es capaz de vaticinar una crisis económica del mismo modo que el astrónomo puede calcular la órbita de un planeta. Muchas veces yerran, por mucho que las ciencias económicas sean una disciplina todo-racional. Los diferentes aspectos que engloban la economía, como en muchos otros asuntos humanos, no pueden analizarse de una manera aislada, reduciendo el “ruido” de variables ajenas a ella (temas culturales, sociales, políticos…), o transformando esas variables en constantes, como sucede en un laboratorio de física o química. Pero además, probablemente, en la economía confluyan elementos no-racionales impredecibles, que no puedan ser controlados-aislados-neutralizados con ninguna magistral fórmula matemática. Las personas no actuamos de manera racional con nuestra economía: las pasiones ejercen gran influencia, y de ahí que en el juego de los mercados de valores se alternen momentos de euforia y depresión no justificados. El análisis de la economía, por lo tanto, exige que los resultados de concienzudos análisis razonados del mercado no sean leídos del mismo modo que una publicación de física cuántica: hay que dejar un espacio a la incertidumbre, al error de la razón, y permitir que otros elementos acientíficos y aempíricos jueguen un importante rol en su interpretación.

La incertidumbre traslada a la razón desde el centro del pensamiento en el que se haya situada desde la Modernidad, a una posición más periférica. Su capacidad de dar respuestas convincentes a preguntas fragmentarias le otorgaron tal posición nuclear, estática, con la esperanza (o la ilusión) de que, tal vez un día la razón fuera capaz de desentrañar casos más generales. Sin embargo, no ha sido así.

Desde la incertidumbre, la razón perdería, no su aura de imprescindible (tal vez así lo sea), sino su monopolio inexpugnable a la hora de ofrecer respuestas, incluso cuando la pregunta no se ajuste a modelos todo-racionales. El pensar en la incertidumbre rompería con dos axiomas de la Modernidad y Postmodernidad. El primero, es el de la existencia de la verdad sólida. El segundo, el raciocentrismo del que beben ambos pensamientos, y que ofrece a la razón un papel, no solo preponderante, sino radicalmente exclusivo, en el desvelo de la verdad. La incertidumbre “baja” los humos a la razón (y a la ciencia), y relega su rol en el teatro del pensamiento: nunca más será la única protagonista de un monólogo en el que sólo hable ella; sino que se deberá contentar con un papel protagonista (tal vez el principal) en un sainete en el que participarán muchos otros actores secundarios. Secundarios sí, pero con interesantes intervenciones que no deberemos dejar de escuchar.

Hacia una verdad quiral (XII): El lenguaje extendido y su democratización

Las máquinas de aprehensión no están diseñadas para trabajar en entornos de verdad-mentira, sino de validez-no validez. La validez va a tener un valor intrínsecamente individualizado en cada máquina, pues ésta se ve sometida a la contundente influencia de la Realidad, la región de la Verdad que entra en relación con dicha máquina. La Realidad, siendo Verdad Absoluta que se manejaría en su raíz primitiva según los principios del 1+1=1, no se va a comportar del mismo modo en todas y cada una de las máquinas, pues mientras la Verdad es Verdad-en-sí, la Realidad se trata de Verdad-en-otro. Otro componente de la validez es el externo, el del ambiente social en el que se encuentra inscrita la máquina. Así como los lenguajes secundarios son tecnologías que se generan a partir de lenguajes primarios, y el plano Y es considerado un melting-pot de planos Z históricos y coetáneos, la realidad social podría definirse como la agregación a lo ancho y largo de la sociedad de todas las Realidades individuales. Finalmente, la validez tiene ese carácter universal que le otorga la fuente inicial desde la que se crea la máquina: el lenguaje kernel.  Aunque éste sea universal, no modificable y estable, no significa que el lenguaje kernel sea correcto: más aun, es a causa de sus imperfecciones que es necesaria la constitución de máquinas de aprehensión.

Si no es posible acceder a la Verdad, y la validez va a depender de la máquina de aprehensión sobre la que se aplica la Realidad, podríamos concluir que la aprehensión de las ideas va a llevarse a cabo sobre una inestable urdimbre, de la cual nunca se va a poder extraer ninguna conclusión que tenga validez general, esto es, que pueda ser utilizada por no importa qué máquina de aprehensión. Tal vez sea así, y es inevitable. Pero entre la Verdad Absoluta y el todo-relativismo hay un espacio indefinido de existencia de la idea, en principio no compartimentalizado, no controlado y, por lo tanto, sometido a caos. Sin embargo, entre “solo hay una Verdad” y “no hay Verdad alguna” bien podrían definirse grados: pueden darse casos de ideas que sean aceptadas por un grupo mayoritario de máquinas; otras que, aunque difieran entre grupos de máquinas, su estructura básica es similar; y otras ideas en las que ninguna máquina se podrá poner de acuerdo. Por lo tanto, todo no es relativo, sino que esa relatividad de la idea aprehendida puede ser compartimentalizada, graduada, disecionada, hasta el punto que, a pesar de que nunca lleguemos a saber cuál es la Verdad, no todo vale.

A partir del momento que aceptamos que existen grados en la relatividad de la idea, podemos buscar una que sea, aparentemente, lo más parecido a la Verdad: una idea que esté casi libre de contradicciones, y que pueda ser utilizada por no importa qué máquina de aprehensión para su supervivencia y vida en sociedad. Una idea así tendría aspecto de Verdad Absoluta, pero solo en apariencia: aunque sea válida para todas las máquinas de aprehensión, una idea puede situarse en las antípodas de la Verdad. A esta idea todo-válida la denominaremos verdad quiral. Se trata de una imagen en espejo de la Verdad Absoluta, pero no es superponible con ella. Puede ser confundida con la Verdad-en-sí, pero tan solo se trata de una sombra de la misma, de una idea que contiene solo validez, no verdad. Para acceder a las verdades quirales, en el seno de la sociedad de máquinas de aprehensión se deben de producir dos procesos, los cuales están íntimamente ligados entre sí: la democratización del lenguaje extendido y la unificación de planos Y.

La verdad quiral, como idea que es, forma parte de ese conglomerado cuántico que se ha definido como chicle de Verdad y lenguaje, que es lo que realmente es una máquina de aprehensión. En ese chicle hay un componente estable, la Verdad, y otro modificable, el lenguaje. Éste, aunque es generado desde el lenguaje kernel, un elemento casi tan estable y universal como la Verdad, puede desdoblarse, manipularse y así transformarse en otros lenguajes: primario y secundario. De la suma de estos dos tipos de lenguaje surgirá el haz de lenguaje, germen de la máquina de aprehensión. Una idea universal, aceptada por todas las máquinas, exigirá el uso de un lenguaje que sea similar para todas las máquinas. El haz de lenguaje deberá iluminar áreas de los planos XYZ similares para todas las máquinas, de modo que existan unas áreas de luz y oscuridad compatibles. A partir de este haz de lenguaje compatibilizado, se generarán imaVs, cuyos sumatorios momentos de taut serán, sino iguales, si afines en todas las máquinas. Por lo tanto, el lenguaje que utilicen las máquinas deberá estar homogeneizado. Probablemente la homogeneización del lenguaje exija su ampliación y no su restricción. A partir de lenguajes mínimos se puede alcanzar consensos amplios, pero estos lenguajes mínimos generarán un haz de lenguaje que iluminará estrechos territorios de los planos XYZ. Un lenguaje mínimo, por muy universal que sea, no permitiría aprehender suficientes ideas como para sobrevivir: la aprehensión a través de ese lenguaje sería superada por la Realidad de cada máquina. Como efecto rebote de ese lenguaje mínimo podría producirse la hipertrofia de los lenguajes íntimos de la máquina, esto es, los primarios, con los que podría generar actitudes de supervivencia al medio, aunque en este caso sería a costa de alejarse del lenguaje mínimo de consenso y, con ello, poner en peligro su socialización. Un lenguaje homogeneizado amplio cuyo haz de lenguaje ilumine extensos territorios de los planos XYZ permitirá a todas las máquinas encontrar recursos de aprehensión comunes con los que sobrevivir al contacto con esa Verdad-en-otros que es la Realidad.

Lenguaje homogeneizado, extenso y… utilizado por todas las máquinas de aprehensión. Si solo un grupo de máquinas tuviera acceso a ese lenguaje extendido, mientras que el resto tuviera que conformarse con lenguajes más heterogéneos y limitados, la sociedad de las máquinas de aprehensión sufriría los choques de las diferentes ideas producidas por cada uno de estos lenguajes. No habría verdad quiral, pues no todas las máquinas aceptarían la aprehensión de la idea del grupo de lenguaje extenso: cada cual trataría de imponer su idea, su “verdad”. Por lo tanto, la verdad quiral exigiría, además, la democratización de ese lenguaje extendido: todas las máquinas de aprehensión utilizando el mismo lenguaje que, además, es el que provee un haz de lenguaje más amplio.

¿Y cuál sería la naturaleza de ese lenguaje extendido? Volviendo al concepto de lenguaje mínimo, su haz estaría compuesto en lenguaje primario y secundario. El lenguaje primario, propio de cada máquina, no puede minimizarse: es el que es, aunque pueda ser transformado a través del contacto con otras máquinas, por medio del lenguaje secundario. Si una máquina utiliza un lenguaje mínimo es, por lo tanto, porque anula, restringe su lenguaje secundario. En el lenguaje extenso sucedería lo contrario: permaneciendo estable el lenguaje primario, se amplificaría el lenguaje secundario, hasta el punto de que la influencia que tenga el primario sobre el haz de lenguaje, aun existiendo (no puede eliminarse), se reduciría drásticamente.

El chicle que se obtiene de la mezcla de la Verdad con ese lenguaje extendido y democratizado tendría una consistencia homogénea, proclive para que en su interior se generen ideas de consenso, no entre unas pocas máquinas, sino entre todas las máquinas, a lo largo y ancho de una sociedad. Y esas ideas son lo que aquí se llaman verdades quirales… aunque no sean verdaderas.

Hacia una verdad quiral (XI): Verdad y validez

La Verdad existe. Se trata de un elemento externo a nosotros que se nos impone de manera brutal en nuestras vidas: cuando nuestros pensamientos tratan de cogitarla, yerran muchas veces (si no siempre), se contradicen o, simplemente, no son capaces de desmadejar ciertas situaciones, ciertos problemas que surgen en nuestro devenir. Buscamos la Verdad, y ésta se ha convertido en objeto de deseo por teólogos, filósofos y científicos de todos los tiempos, y todas las sociedades.

Pero desde estas páginas hemos ido construyendo una máquina de aprehensión que es capaz de aprehender ideas, constructos elaborados, no a partir de la Verdad, sino desde la interacción de tres imágenes de verdad (universal, íntima y social). Ninguna de estas tres imágenes de verdad tienen por qué coincidir con la Verdad pero su sumatorio, la idea que nace de su fusión, es lo suficientemente “verdadera” como para que la máquina sobreviva a su interacción  con la Verdad.

Hablamos de Realidad como la parte y la forma de Verdad Absoluta que interacciona con las máquinas de aprehensión. Hemos definido Verdad Absoluta como elemento insondable por ninguna mente o máquina. En caso de que así fuera, y hubiera un objeto capaz de profundizar en el core más primitivo de la verdad, en su “ser” más verdadero y menos contradictorio, alcanzaría al final una verdad en estado pre-bigbang, una molécula de verdad donde toda ella estaría apelmazada, fusionada, y no podría ser dividida (el estado que denominamos 1+1=1). Pero los efectos de esa Verdad Absoluta indivisible y uniforme sobre las máquinas de aprehensión son más variados; van más allá que ese 1+1=1: A medida que ésta se aleja del estado absoluto, van a surgir interacciones entre los diferentes componentes de la Verdad, los cuales van a condicionar la vida de las máquinas de aprehensión. La Realidad, pues, no es Verdad-en-sí, sino más bien Verdad-en-otros. La Realidad no es una y no contradictoria, sino cientos, millones, miles de millones de Realidades, según incida la Verdad sobre los cientos, millones, miles de millones de máquinas de aprehensión.

Por lo tanto, la máquina de aprehensión no tiene que estar programada para sobrevivir a la Verdad, sino para hacer frente a la Realidad. Si la máquina de aprehensión no gestiona la Verdad es porque se trataría de un esfuerzo inútil que, además de no abocar a ninguna conclusión utilitaria, desviaría muchos recursos del objetivo principal de la máquina de aprehensión, que es su supervivencia. Es por ello que las máquinas de aprehensión funcionan en términos de validez y no de verdad.

VV2

La idea que aprehende la máquina no tiene por qué ser verdadera, ni acercarse siquiera a ella; puede incluso que la idea sea lo contrario a la Verdad. Pero la idea tiene que ser válida, esto es, adecuada a la Realidad que es ejercida sobre sobre dicha máquina. La validez, aunque única, se descompone en tres niveles: universal, interno y externo. La validez universal está relacionada con el origen de los lenguajes que componen el haz de lenguaje de la máquina de aprehensión. La base sobre la que se construye la máquina de aprehensión es el preplano X, que es el producto de la interacción del lenguaje kernel (universal, único, perpétuo e inalterable) con la Verdad. A partir de este preplano se levantará todo el constructo de la máquina de aprehensión, por lo que todo lo que ésta aprehenda tendrá que estar, inevitablemente, en adecuación con este preplano. La imagen de verdad contenida en el plano X representa esa adecuación al preplano X. La validez interna tiene que ver con la máquina de aprehensión misma o, mejor dicho, con el organismo que la hospeda. La idea aprehendida nunca podrá (o nunca debería) contradecir la existencia de la propia máquina, amenazar su vida. Así, sobre el plano Z de la máquina de aprehensión se generará una imagen de verdad que estará en adecuación con el mecanismo interno de la máquina de aprehensión. Por último, la máquina de aprehensión, al ser social, va a interactuar con otras máquinas, esto es, con otras Realidades (otras Verdad-en-otros). La idea aprehendida deberá ser adecuada y compatible con las ideas aprehendidas de las máquinas con las que socializa. Será sobre el plano Y donde se plasme una idea de verdad socialmente compatible.

VV1

La Realidad que afecta a un organismo hospedador de una máquina de aprehensión es incontrolable, algo impuesto desde el exterior sin que el organismo tenga capacidad de control. La máquina de aprehensión de dicho organismo es el instrumento capaz de manipular el lenguaje kernel, desdoblarlo y transformarlo en lenguajes primario y secundario. El haz de lenguaje resultante debe de ser capaz de aprehender esa Realidad mediante la generación de ideas. Esas ideas serían el fundamento sobre el cual el organismo puede comprender esa Realidad impuesta y, de este modo, obrar y trabajar para controlar los efectos deletéreos sobre él.

La máquina de aprehensión, por lo tanto, no es capaz de funcionar en términos de verdad-mentira, sino en términos de válido-inválido. Lo válido puede ser mentira pero será útil mientras permita adecuar a la máquina a esa Realidad impuesta por la Verdad. Vocación utilitarista, pues, de las máquinas de aprehensión que no han sido diseñadas para la búsqueda de una Verdad Absoluta inútil. Eso sí, las máquinas de aprehensión pueden buscar y, tal vez, encontrar, ideas que sean válidas universalmente en todas y cada una de las Realidades en las que viven las máquinas. A estas ideas todo-válidas se denominarán verdades quirales.

 

Hacia una verdad quiral (X): Oscilaciones de la idea en el espacio. Viscosidad

El haz de lenguaje que se proyecta sobre el preplano X, y que es el fruto del sumatorio de los lenguajes primario y secundario, ha sido analizado hasta aquí como un elemento unívoco, esto es: cada máquina de aprehensión posee un sólo haz de lenguaje, y es este único haz de lenguaje el que estructura sus tres planos constituyentes. Ciertamente, así es. Pero también se ha explicado la influencia que tiene la socialización de las máquinas de aprehensión (hasta el punto que el lenguaje secundario está originado por este contacto extra-máquina). La socialización conlleva situaciones diferentes, contactos diferentes y, por lo tanto, necesidades de validez externa diferentes. En cada contacto social, la máquina de aprehensión precisará de iluminar ciertas regiones del plano Y, así como oscurecer otras, para que así la idea aprehendida sea compatible con esa situación. No hay dos haces de lenguaje; no hay dos planos Y. Pero estas modificaciones espaciales (en sociedad), necesarias para otorgar validez externa a la idea aprehendida y compatibilizarla con la idea aprehendida de otras máquinas, van a generar subhaces de lenguaje y subplanos Y. De manera secundaria, la modificación del haz de lenguaje va a alterar también los planos XZ, esto es, la validez interna (Z) y la universal (X, aunque los cambios los consideraremos despreciables en comparación con los cambios del plano Z y, sobre todo, del plano Y): se configurarán subplanos X y subplanos Z. En fin, submáquinas de aprehensión: máquinas de aprehensión dentro de máquinas de aprehensión, a modo de muñecas matrioskas rusas. Se pueden dar tantas submáquinas de aprehensión como contactos diferentes con otras máquinas pueda generar una máquina de aprehensión. Si tomamos de referencia los contactos que un ser humano medio pueda realizar a lo largo de su vida en sociedad, el número de submáquinas posibles podría alcanzar un número inimaginable.

Teniendo en cuenta estos conceptos, una máquina de aprehensión no va a aprehender una idea de manera unívoca, esto es, con un sumatorio de momentos de taut estable en un momento dado, como se ha considerado hasta ahora y se ha explicado así al tratar de la constancia de la idea. La máquina de aprehensión aprehende de modo multívoco, y esta multivocidad dependerá del número de contactos que cree la máquina. Cada contacto significa una submáquina; cada submáquina significa un sumatorio de momentos de taut (aquí subsumatorio de momentos de taut). Y cada subsumatorio, significa una idea aprehendida (aquí subidea). De este modo podríamos definir a la idea como la media de subsumatorios de momentos de taut de cada una de las subideas de cada submáquina de aprehensión.

Así, se denomina viscosidad (V) de una idea a la dispersión en el espacio de esa idea, esto es, se trata de una medida de la discrepancia entre las diferentes subideas que puede llegar a contener una máquina de aprehensión:

viscosidad

En esta fórmula, Ī expresa la media de subideas contenidas en una máquina (esto es, la idea [I] propiamente dicha). La i minúscula con subíndice n expresa el valor de la subidea n.

Por ejemplo: consideremos que una máquina de aprehensión ha creado tres contactos sociales. Con cada contacto social modificará su haz de lenguaje (subhaz), lo cual generará tres subideas diferenciadas:

  • i1= Tx(10)+Ty(7)+Tz(4)= 21
  • i2= Tx(10)+Ty(9)+Tz(3)= 22
  • i3= Tx(10)+Ty(10)+Tz(3)= 23

viscosidad2

La viscosidad de la idea de una máquina sin submáquinas, que no altere nunca su haz de lenguaje en su relación con otras máquinas, será 1/0=∞. Podrá hablarse aquí de una idea sólida. Al contrario, la viscosidad de una idea de una máquina con un número casi infinito de submáquinas, cada una con su subidea muy diferenciada, será de 1/∞≈ 0. Podrá hablarse de una idea líquida.

Existe, dentro de cada uno de los planos de la máquina de aprehensión, una inercia que impide grandes variaciones individuales de las ideas. Y es que cada momento de taut de la idea que se genera en cada plano es el producto de las relaciones que cada imagen de Verdad (imaV) posee con otras imaVs. La modificación de un momento de taut va a suponer modificaciones en estas relaciones y, por lo tanto, un efecto dominó que podría llevar a cambiar toda la estructura del plano. La fuerza inercial de las relaciones de las imaVs está relacionada con las características de las mismas (tensión, grosor), de modo que cuanto más estables sean las cuerdas de relación, más resistencia al cambio ofrecerán. Se necesita, por lo tanto, de un equilibrio entre una fuerza interna (relaciones entre imaVs) que tiende a “espesar” la idea, y una fuerza externa (relaciones entre máquinas de aprehensión) que va a favorecer su “licuefacción”.

Probablemente vez haya una relación entre la constancia de la idea en el tiempo y la viscosidad de la misma en el espacio. Cuanta menos viscosa sea la idea, menos armónica será ésta, y viceversa. De ahí que una idea que sea fija-ultraconstante será también sólida.

 

viscons
Huella de la idea en la que se tiene en cuenta la viscosidad de la misma. En verde, una idea fluida-inarmónica, conformada por múltiples subideas. En rojo, una idea sólida-armónica (fija), la cual posee pocas (o ninguna) subidea.

 

Tal vez la aprehensión de nuestras ideas no sólo varíe con el tiempo, sino también con la situación social en la que nos encontremos. Por lo tanto, si tomamos como referencia una idea tipo (no muy sólida-no muy armónica), la aprehensión que hagamos de ella en un momento dado va a ser más o menos vaga, imprecisa. No nos manejamos, pues, con conceptos mentales absolutos, rígidos, unívocos, sino con conceptos más o menos relativos, friables, multívocos. Va a ser nuestra posición con respecto al mundo exterior la que va a “fijar” nuestra aprehensión. Y nuestra posición con respecto al mundo exterior está continuamente sometida a volubilidades (por ejemplo, no es lo mismo estar a solas con un amigo, que con ese mismo amigo y otro amigo, o un familiar, o un desconocido…). La huella de la idea, pues, va poseer un desarrollo horizontal, en el tiempo, pero también vertical, en la sociedad. Los límites de la huella en el tiempo los pone el tiempo de vida de la máquina de aprehensión, de nuestra vida; Los límites de la huella en la sociedad, la fuerza inercial de las relaciones de las imaVs.

 

 

Hacia una verdad quiral (IX): Oscilaciones de la idea en el tiempo. Constancia

Las máquinas de aprehensión aprehenden las ideas de una manera dinámica, esto es, la aprehensión de una idea se va a modificar a lo largo del tiempo. La idea se forma a partir del sumatorio de momentos de taut de los planos XYZ. A su vez, cada uno de estos momentos de taut es el producto de la cantidad de taut que contienen las relaciones que constituyen las imaVs de la idea. Las cantidades de taut van a estar relacionadas con el haz de lenguaje que “ilumina” la máquina de aprehensión.

El haz de lenguaje, que es el sumatorio de los lenguajes primario y secundario, va a modificarse a lo largo de la vida de la máquina de aprehensión. No es posible imaginar una máquina que viva en sociedad con otras máquinas y cuyo haz de lenguaje no se vea continuamente alterado por las interacciones con otras. Los cambios en los lenguajes primario y secundario van a provocar una cascada que va a modificar el haz de lenguaje–>cantidad de taut–>momento de taut–>sumatorio de momentos de taut–>idea.

La oscilación de la idea (Ω) es la diferencia de sumatorios de momentos de taut de una idea en dos momentos diferentes. El tiempo que se tome de referencia puede ser tan largo como la vida entera de la máquina de aprehensión o tan corto como una décima de segundo.

CONSTANCIA2

Si tomáramos múltiples periodos iguales de tiempo, t1-t2, t2-t3, t3-t4… podríamos obtener  n oscilaciones hasta t(n-1)-tn. Al conjunto de estas oscilaciones en intervalos de tiempo regulares e isócronos lo denominaremos huella de la idea. La huella de la idea nos ofrecería la posibilidad de visualizar cómo ha evolucionado la idea a lo largo de un tiempo t1-tn. Esta huella se puede representar en un gráfico cuyas abscisas representan el tiempo transcurrido y las ordenadas, el valor de la oscilación. Así, una idea que haya oscilado en el tiempo se representaría con el siguiente gráfico:

huella1.jpg

Asimismo, una idea que apenas sufra oscilaciones en el tiempo se representará como sigue:

huella2.jpg

La armonía (Δ) de una idea sería la medida de la estabilidad del sumatorio de momentos taut en un periodo de tiempo determinado. Por lo tanto, se calcularía como la inversa de la oscilación en ese mismo periodo:

armonía.jpg

Una idea que, durante un espacio determinado de tiempo, no varíe en su sumatorio de momentos de taut, no habrá oscilado (Ω = 0), por lo que su armonía resultará “infinita” (Δ = ∞). Esa idea, por lo menos en ese periodo de tiempo, se comportaría como una idea-fija, ultraconstante. Habría que explorar, sin embargo, toda la huella de oscilaciones que va dejando esa idea en su devenir en la máquina de aprehensión para confirmar que, efectivamente, es fija e inalterable. Al sumatorio de los valores absolutos de todas las oscilaciones de una idea a lo largo del tiempo se denominará constancia (K):

konstancia

El valor de la constancia de una idea es acumulativo a lo largo del tiempo. Por ello, aunque vista desde un punto fijo en la historia de la máquina cuántica, ésta parezca fija, inalterable y, posiblemente, pueda existir el convencimiento de que, a futuro, esa idea seguirá igual, lo cierto es que, con toda probabilidad, se van a producir variaciones en el haz de lenguaje a lo largo del tiempo. Esto va a imposibilitar la existencia de ideas-fijas. Sería necesaria, pues, una arqueología de la idea para cuantificar sus oscilaciones, su armonía y, a partir de esos datos, dilucidar cuánto de constante o inconstante ha sido esa idea a lo largo del tiempo, y en esa máquina en particular.

Hacia una verdad quiral (VIII): El plano Z como interpretación íntima de los planos X e Y

Lo general no tiene por qué ser válido en lo particular. Más aún, lo general puede poner en peligro la supervivencia de un elemento particular. Una máquina de aprehensión está sometida a la generalidad universal (plano X) y a la social (plano Y), pero debe hacer uso de excepciones propias que permitan adaptar esos planos a su situación interna, íntima y personal.

El plano Z se comporta como “tampón” de la realidad externa (universal X y social Y). Con él la máquina adapta, moldea las ideas aprehendidas para que éstas le permitan sobrevivir en el mundo. El plano Z es de los tres planos, el más inestable, pues las relaciones que establecen los diferentes imaVs contenidos en el plano no son ultraestables-universales como sucede en el plano X; o, como en el caso del plano Y, se establecen según el sumatorio de miles de millones de planos Z, de otros tantos miles de máquinas de aprehensión que se socializan a lo largo y ancho de la historia. El plano Z es propio, privado, intransferible y, por lo tanto, caprichoso. Las cuerdas de relación entre las imaVs serán menos gruesas, estarán menos tensas que en los otros dos planos. Esto supondrá que el coeficiente de independencia (a) de las cuerdas sea más bajo que en otros planos y, por lo tanto, el plano Z se vea sometido a la influencia de las potentes cuerdas de los planos XY. Aun así, por muy débil que sea el momento de taut generado en el plano Z, éste contribuirá a la generación de la idea y le aportará validez interna.

Tomemos un concepto abstracto, como lo es el término “amor”. No existe una definición certera que sea capaz de explicar el significado del “amor”. Por mucho que nos esforcemos, toda aprehensión universalizada del “amor” está destinada a fracasar. Para generar la “idea-amor”, la máquina de aprehensión precisa de un momento de taut-amor en el plano X. Este momento de taut, que es el fruto del sumatorio de las cantidades de taut de las relaciones de “amor” que se producen en ese plano, es universal, estable, y no puede modificarse, por lo menos, en el Universo Cognoscitivo en el que se ubica la máquina de aprehensión. Porque proviene directamente del preplano X,  primer fruto del choque lenguaje (kernel)-Verdad Absoluta. Aun así, el “amor” del plano X no es una imagen fiel del amor-Verdad Absoluta. Puede, incluso, que esté tan deformada que el “amor” del plano X no represente nada de lo que en realidad es el amor-Verdad Absoluta.

Además del momento de taut-amor en el plano X, también es necesario otro momento de taut del plano Y. El “amor” se define de una manera más o menos estandarizada en cada época y en cada sociedad. El “amor” no se aprehende hoy en día igual que en la España de los años 50, o en el siglo X. Tampoco se aprehende de igual modo en España, que en China o en las sociedades de Papua Nueva Guinea. Cada época, cada sociedad tiene su experiencia de “amor”, y ésta será la que se establezca en el plano Y.

Finalmente, a pesar de la universalidad del “amor” en X, y del acuerdo social para con él en Y, cada máquina de aprehensión va a tener su propia experiencia personal con el “amor”. A pesar de lo que pueda aprender en la sociedad sobre el “amor”, cada cual va a vivirlo, experimentarlo de un modo absolutamente íntimo y personal, lo que afectará a la constitución del momento de taut de “amor” en el plano Z.

La idea-amor final será el sumatorio de los momentos de taut generados en los tres planos: será diferente en cada máquina de aprehensión. Eso sí, la función tamponadora del plano Y garantizará que las diferencias, aunque inevitables, no sean incomensurables.

No sólo vale para términos abstractos. La aprehensión de términos concretos también va a estar dirimida por este equilibrio entre planos. Así, aunque parezca que el “número uno” sea un elemento matemático y, por lo tanto, irreductible a la subjetividad, su aprehensión no ha sido siempre igual en las sociedades humanas. También influirá la experiencia propia para con el “número uno”: lo que yo aprehendo de ese número no tiene que ser estrictamente igual que lo de mi vecino.

La idea aprehendida es un juego de equilibrios de los planos YZ sobre la base (imperfecta e imposible) del plano X. El plano Y tenderá a la homogeneidad de la idea entre máquinas de aprehensión, independientemente de las circunstancias de cada máquina. Por su parte, el plano Z buscará la adecuación de la idea en la intimidad de la máquina, sin que importe el entorno social. Una lucha, un Yin Yang de cuyo resultado dependerá la compleja e intrincada red de conexiones entre ideas que constituye la máquina de aprehensión.

Hacia una verdad quiral (VII): Límites de las máquinas de aprehensión

Las máquinas de aprehensión trabajan en el espacio que les otorga el haz de lenguaje. Éste moldea los tres planos sobre los cuales se construyen los momentos de taut que van a generar la idea. Como se explicó en el anterior capítulo, la aprehensión de la idea cumpliría con los criterios de validez universal, interna y externa. Aunque los tres planos trabajan en equilibrio, puede suceder que en algún caso uno de los tres planos tenga una influencia superior a los demás, esto es, que el momento de taut generado en ese plano sea muy superior al de los demás y, por lo tanto, bloquee o ensombrezca la aportación de los otros dos planos. Teniendo en cuenta la estructura “no plana” de los planos (que se parecerían más a un mar plagado de olas que a una llanura), podría suceder que esta jerarquización de los planos se produjera, no en la globalidad de la máquina, sino en ciertas regiones delimitadas de los planos o, incluso, en unas pocas ideas. Si no es en la totalidad, que como se irá explicando no es posible, en una máquina de aprehensión pueden localizarse regiones donde el momento de taut para una idea  se acerque al valor nulo en el plano Y o Z. Incluso que ambos planos tengan escasa entidad y la idea se vea influenciada sólo por el plano X. Son los límites de las máquinas de aprehensión.

1- El niño salvaje (Y=0)

Anteriormente comentada, la máquina de aprehensión (o una región delimitada de la misma) en “niño salvaje” carecería de plano Y, esto es, que no contaría con ningún tipo de socialización, de lenguaje secundario. La aprehensión de las ideas se basaría en el primitivo lenguaje primario. Con un haz de lenguaje muy limitado, esta máquina de aprehensión desdoblaría el plano Z (XZZ’), uno de los cuales funcionaría como plano Y. La vida de esta máquina de aprehensión, sin contacto con otras máquinas, estaría supeditada a trabajar por la supervivencia de la misma.

El concepto de niño salvaje se basaría en el mito del niño abandonado a su suerte en la naturaleza, sin contacto con ninguna sociedad humana. Carecería de lenguaje altamente simbólico, como es el verbal. El no tener contacto intraespecie no significa que carecería de plano Y, sino más bien que este plano, creado a través del contacto con las criaturas que se encontraría en la naturaleza (y de las cuales va a depender su supervivencia, por lo menos, alimentaria), sería más bien limitado. Contaría con un lenguaje secundario primitivo y, por ello, el haz del lenguaje iluminaría escasas regiones de su plano Y.

2- El hombre nuevo (Z≈0)

Imaginemos una sociedad altamente estructurada, de férreas ideologías. Los ciudadanos, desde su más tierna infancia, se verían sometidos a una educación que “laminaría” su autonomía. La supervivencia del individuo pasaría a un segundo plano: lo que prevalecería tampoco sería una salvaguardia de la sociedad, sino más bien de la ideología, de los valores de la misma. Mientras en el caso del niño salvaje la máquina de aprehensión funcionaría “libre” de plano Y, en el del hombre nuevo este plano Y (o región del mismo) estaría conformada por imaVs de cuerdas de relación muy tensas y muy gruesas, estables variables. El plano Y se comportaría como un plano X: universal, estable, no modificable. Un superplano Y

En la máquina de aprehensión que funciona en modo “hombre nuevo” existe un plano Z (siempre es necesaria una validez interna), pero el efecto de los momentos de taut que en ella se producen está neutralizado por los generados en el plano Y. Si el plano X, que es universal, estable e invariable, no es apto para la supervivencia, pues no contiene la Verdad, sino imágenes de Verdad que no siempre concuerdan con la misma, el superplano Y tampoco lo es. Una máquina de aprehensión que está dominada por el superplano Y pierde capacidad de supervivencia.

En una sociedad normal el plano Y actúa como tampón entre la universalidad del plano X y la intimidad del Z. Permite socializar a diferentes máquinas de aprehensión porque ayuda a uniformizar las ideas aprehendidas. La idea, como sumatorio de momentos de taut, no tiene porque ser igual en cada una de las máquinas, sino más bien “compatibles”. Si tenemos en cuenta una única imaV (a):

  • Sujeto normal 1: I(a)= Tx(10) + Ty(5) + Tz(6) = 21
  • Sujeto normal 2: I(a)= Tx(10) + Ty(7) + Tz(2) = 19
  • Sujeto normal 3: I(a)= Tx(10) + Ty(4) + Tz(5) = 19
  • Sujeto normal 4: I(a)= Tx(10) + Ty(7) + Tz(3) = 20

En esta sociedad normal el sumatorio de momentos de taut que conforma la idea de (a) varía tres puntos (desde 19 a 21). Los imaVs en el plano Z oscilan más (cuatro puntos, desde 2 a 6), y el plano Y tendería a tamponar esas diferencias. En una sociedad de hombres nuevos el plano Y mantendría su función tamponadora, pero a base de anular el plano Z:

  • Hombre nuevo 1:  I(a)= Tx(10) + Ty(9) + Tz(2) = 21
  • Hombre nuevo 2:  I(a)= Tx(10) + Ty(9) + Tz(1) = 20
  • Hombre nuevo 3:  I(a)= Tx(10) + Ty(8) + Tz(1) = 19
  • Hombre nuevo 4:  I(a)= Tx(10) + Ty(8) + Tz(2) = 20

El resultado de la misma imaV (a) en una sociedad normal y una de hombres nuevos es similar. Incluso se podría decir que, en lo que respecta la idea (a),  ambas sociedades serían conmensurables. La diferencia no radica en el sumatorio, sino en la estructura interna del sumatorio: mientras en la sociedad normal los plano YZ tienen vigencia plena, en la sociedad de hombres nuevos el plano Y anula el efecto del plano Z.

Robot (YZ≈0)

Una sociedad de robots sería aquella en la que las máquinas de aprehensión funcionaran solamente en base a las imaVs recogidas en el plano X. En este caso los planos YZ desaparecerían para ser sustituidos por copias del plano X (X’ y X”). Teniendo en cuenta que el plano X, aunque universal, no es capaz de organizar por sí sólo una aprehensión de mínima supervivencia, una máquina basada en planos X X’ y X”, en caso de que fuera viable, tendría un tiempo de vida muy corto.

  • Robot 1:  I(a)= Tx(10) + Ty(10) + Tz(10) = 30
  • Robot 2:  I(a)= Tx(10) + Ty(10) + Tz(10) = 30
  • Robot 3:  I(a)= Tx(10) + Ty(10) + Tz(10) = 30
  • Robot 4:  I(a)= Tx(10) + Ty(10) + Tz(10) = 30

Una máquina de aprehensión en “robot” no es posible, así como tampoco lo eran en “niño salvaje” o “hombre nuevo”. Pero pueden darse regiones en los tres planos donde se acumulen una imaVs que respondan, más o menos ortodoxamente, a cualquiera de estos tres modelos. Ideas “intrapsíquicas” que aprehendemos, en base a nuestro conocimiento interior, y de las cuales eliminamos toda influencia social. Ideas “talibán”, de las cuales eliminamos toda irracionalidad propia, suspendemos la voluntad y nos entregamos a la sinrazón grupal. Y finalmente, ideas “ecuménicas”, cuya estabilidad y universalidad es tan preclara, que todas las máquinas se ponen de acuerdo en ellas a lo largo y ancho de la historia, y copian esas imágenes universales de idea en los planos íntimos y social. Tal vez, de existir, estas ideas habrían sido creadas a través de imaVs que son imágenes casi perfectas de la Verdad Absoluta. Probablemente no existan ideas intrapsíquicas, talibanes o ecuménicas perfectas, puras, y de existir, serían escasas. Al final, la normalidad es que las máquinas de aprehensión trabajen dentro de unos límites más restringidos, menos extremos, que los citados.

Hacia una verdad quiral (VI): El plano Y como “melting pot” de planos Z

En el anterior artículo se han definido las relaciones entre máquinas de aprehensión, en base a la referencia de una sola idea, un sólo momento de taut. Si se toma de manera aislada, sin conexión con ninguna otra imaV, el momento de taut de esta podría modificarse sin que sus relaciones para con otras imaVs se vean alteradas. Pero en todo plano de la máquina de aprehensión cada imaV está relacionada con innumerables imaVs. Una modificación en el momento de taut de una imaV va a tener repercusiones en los momentos de taut de otras imaVs.

¿Por qué? Por definición, una imaV está compuesta únicamente por un momento de taut. Este momento de taut es el sumatorio de cantidades de taut que contienen todas las relaciones del imaV. Modificar un momento de taut exige, por lo menos, modificar una relación imaV-imaV. Esta modificación repercutirá sobre una tercera, y así sobre una cuarta… Se produce un efecto bola de billar.

La socialización entre máquinas de aprehensión provoca cambios en los momentos de taut para que así las ideas se compatibilicen entre las máquinas socializadas. Estos cambios van a ser operados por modificaciones en el lenguaje secundario. Los efectos de estas modificaciones van a repercutir sobre los momentos de taut de los planos YZ. El plano X, que se considera universal y estable no participará de estos cambios, aunque realmente habría que cuantificar modificaciones en el plano X producidas por alteraciones en el haz de lenguaje. Como, probablemente, estos cambios son insignificantes respecto a los sufridos en los YZ, se desprecian.

Los momentos de taut de los planos YZ se modifican. El plano Z, que es el más lábil y dúctil de los planos, tiene una limitación a la hora de soportar una modificación externa, y es su naturaleza de valedor de la supervivencia de la máquina. El plano Z podrá modificarse, y se modificará, siempre y cuando la supervivencia de la máquina no esté en juego. Por lo tanto, gran parte de los cambios necesarios para la socialización de máquinas de aprehensión va a tener que ser absorbida por un plano que no esté involucrado directamente en la supervivencia íntima de la máquina (plano Z), y que no esté condicionado por su falta de plasticidad (plano X). De ahí el plano Y.

El plano Y se va a comportar como un “melting pot” de todos los planos Z habidos a lo largo y lo ancho de la historia de la sociedad de máquinas de aprehensión. Es el sumatorio de todas las “idiosincrasias” surgidas en los diferentes planos Z. Va a servir de “tampón” entre el plano X (universal, estable, invariable) y el plano Z (individual, inestable, caprichoso).

  • Plano X: Validez universal
  • Plano Y: Validez externa
  • Plano Z: Validez interna

Los seres vivos poseen estructuras de aprehensión mucho más complejas que la máquina de aprehensión que aquí se explica. Todos ellos (animales, plantas, bacterias…) conviven y se relacionan con otros seres vivos, intra o extraespecie. Cada sociedad de seres vivos poseería, por lo tanto, un plano Y en el que se plasmarían todas las formas íntimas de aprehensión que vienen registradas por los planos Z de todas y cada una de estos seres vivos. La diferencia entre un animal u otro que conviven en un mismo hábitat vendría dada por el haz de lenguaje de cada uno, y por las zonas que éste consigue iluminar en el plano Y.

Tal vez la diferencia entre plantas, animales y los seres humanos esté en la mayor capacidad que tienen estos últimos de plasmar sobre el plano Y  el devenir histórico del plano Z. Gracias a un lenguaje secundario más rico y que, por lo tanto, permite un haz de lenguaje más amplio, los seres humanos hemos ido grabando sobre nuestro plano Y todas las variaciones íntimas de aprehensión que han sido utilizadas para la pervivencia de la especie y del individuo. La riqueza de ese plano Y se transmite (y se reescribe) de generación en generación y a lo ancho de la sociedad a través de ese complejo y variado lenguaje secundario.

Pero…¿primero se “aprende” el lenguaje secundario y, luego, se “aprehende” la idea? ¿O al “aprehender” la idea se “aprende” el lenguaje secundario? La máquina de aprehensión es, a fin y al cabo, un chicle compuesto de Verdad y lenguaje. Al ser la Verdad algo innegociable, todo cambio, toda modificación va a deberse a variaciones en el lenguaje. Esto afecta a todos los procesos que se originan en el interior de estas máquinas. Por lo tanto, la socialización y los cambios en las ideas que ésta va a originar van a estar regidos, en última instancia,  por cambios en la configuración tanto del lenguaje secundario, como del haz del lenguaje.